Entrevista con Luis Casasbuenas
El Dr. Luis Casasbuenas Duarte, colombiano, es licenciado en Medicina (1962), con post-grado en Neurocirugía (1966). Ejerció la profesión en Bogotá, especialmente en trabajo hospitalario. Además, fue Director de Educación del hospital (1992-1998), y una vez jubilado, en 1998 viajó a Cataluña. Del 2002 al 2006 fue médico(suplente) de un Centro de Atención Primaria, en la provincia de Barcelona.
De 1998 a 1999 realizó el Master en Comunicación Científica en el Instituto de Educación Continua, de la Universidad Pompeu Fabra. En octubre de 1999 ingresó en el Doctorado en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, de la Universidad Autónoma de Barcelona. En julio de 2005 presentó el trabajo de investigación (tesina) La entrevista en la relación médico-paciente. Antecedentes históricos, evolución y significados, y en julio de 2008 presentó su tesis La entrevista médico-paciente: perspectiva de análisis pragmático-discursivo (Summa Cum Laude).
Entrevista realizada con el apoyo del Profesor Jair Vega, Universidad del Norte (Barranquilla, Colombia).
Entrevista realizada en el marco el Congreso Internacional de Comunicación para la Salud - Medellín, septiembre 29 a octubre 1o de 2010.
Jair Vega: Nos gustaría arrancar indagando un poco más por su experiencia profesional Dr. Casasbuenas. Usted hace una carrera como médico, y luego, cuando llega el momento de su jubilación, se interesa por un tema como la comunicación. ¿Por qué?
Luis Casasbuenas: estuve muy orientado hacia esa parte de la comunicación médico -paciente. Incluso en el año 71 intenté estudiar comunicación, pero las circunstancias de la profesión no me lo permitieron. Por eso cuando me jubilé y me sentí dueño de mi tiempo, decidí que estudiaría comunicación y salud en alguna parte, así que hice mi Doctorado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona. Yo todavía no sabía que era exactamente lo que quería, pero mi contacto con antropólogos, sociólogos y comunicadores, más muchas otras lecturas, me fueron llevando hasta que en el año 2005 presenté mi primer trabajo sobre la relación médico-paciente. Finalmente mi tesis fue sobre la conversación que se da entre médico y paciente, y un análisis sobre esa conversación, que es básicamente la entrevista clínica.
JV: Usted mencionaba que en su misma experiencia profesional, ya había detectado la importancia de la comunicación y tiene una mirada muy crítica del ejercicio médico. ¿Podría referirse un poco a esos retos que aparecen en materia de comunicación en ese escenario?
LC: Sí. Lo que pasa es que a los médicos no nos han entrenado para escuchar, nos han capacitado mucho más para preguntar. Nosotros preguntamos, y preguntamos para determinar el motivo de la consulta, pero no somos conscientes de que nos estamos comunicando, y esa es una falla grande que tenemos. Si frente a una situación grave, como una cirugía, uno logra hablar con la gente, darle argumentos, y explicarle los riesgos, yo creo que la gente lo siente a uno del lado de ellos, no del lado de la enfermedad, que yo creo que son dos bandos muy distintos.
La crítica actualmente no está dirigida tanto a la profesión médica, como al sistema en el que estamos trabajando. Nosotros somos en este momento médicos de enfermedades, nos hemos venido distanciando del saber de los sociólogos y los antropólogos que en alguna época fueron de nuestra misma familia, y nos hemos venido quedando con la fractura, con el tumor, con la infección, estamos centrados en el órgano, pero no en la persona. Los médicos quisiéramos curar, pero muy pocas veces lo logramos. Nos acercamos a aliviar los síntomas más evidentes de una situación determinada, pero lo que siempre tenemos que hacer es consolar, y eso solamente se da cuando uno considera persona a quien consulta. Son las personas las que sufren, no los cuerpos, y no hay que confundir sufrimiento con dolor, son primos hermanos, pero el sufrimiento es otra cosa.
JV: Así conecta usted con el tema de su tesis doctoral, porque usted trabaja el tema del sufrimiento en relación con la atención médica.
LC: Si un sistema de salud no está centrado en la persona, y su objetivo no es aliviar el sufrimiento de la persona que consulta, no es un servicio de salud adecuado. Lo que planteo en mi tesis doctoral, es que el médico debe estar dispuesto a hacer una escucha atenta y respetuosa durante la entrevista, y tratar de detectar el sufrimiento en su paciente. El médico debe estar muy pendiente de una palabra o un gesto que devele ese sufrimiento, aunque la persona no lo diga.
En la tesis yo grabé 39 video entrevistas, y en al menos 8 de ellas era muy evidente que había sufrimiento pero el médico o no lo detectaba, o lo detectaba pero no lo manejaba. Otra gran falencia que tenemos nosotros es que no nos han entrenado en el campo de las emociones, ni las emociones propias ni muchos menos de las emociones ajenas. Podemos operar o dar tratamiento médico, pero si no atendemos la parte emocional, estamos haciendo la mitad de lo que nos corresponde.
Asimismo, cuando usted piensa en una enfermedad, normalmente la define en términos biológicos, pero nunca incluye lo que piensa quien la padece. La enfermedad es la suma de esas dos cosas: de lo que la persona expresa y de lo que el médico sabe sobre lo que le ocurre.
JV: Dentro del análisis que hace de las entrevistas, ¿cuales serian las claves en materia de comunicación para detectar el sufrimiento?
LC: La consulta médica es un momento muy dramático porque aunque a nosotros nos parece algo muy simple, es vital ese momento en que la persona finalmente se decide a contar lo que le pasa y buscar ayuda. Hay algunos elementos que dependen mucho más de la expresión no verbal que de la verbal, y eso es lo que yo creo más complicado.
Lo que yo pienso es que si el médico considera a quien tiene en frente una persona tan persona como él, con sentimientos, pensamientos, creencias, posiblemente va a detectar un gesto o una palabra que denote sufrimiento. Repito que no podemos confundir el dolor con el sufrimiento; el dolor se estudia desde una parte de la medicina que se llama Algología y ha sido suficientemente investigada, pero el sufrimiento ni siquiera tiene una definición concreta en el diccionario. Yo encontré definiciones de otras disciplinas que la definen como algo que uno siente cuando se enfrenta a algo que amenaza su vida, como es la enfermedad.
JV: ¿Su trabajo da pistas para que un profesional de la salud pueda detectar el sufrimiento en el momento de la atención?
LC: Claro que sí. Ahí vienen frases, expresiones, actitudes que le demuestran al médico dónde debe poner su atención. Hay personas que por ejemplo evitan hablar de la verdadera causa de su dolencia durante la entrevista, y prefieren hacerlo cuando ya esta ha finalizado. Otros se ponen agresivos, otros prefieren usar evasivas. Hay un test muy sencillo que es preguntar la percepción del tiempo en los últimos días. La persona que está sufriendo o que está deprimida, siente que el tiempo es muy largo, que han pasado solo dos días y para él ha sido como un mes. Esta primera percepción ya orienta un poco, y eso se ha usado con deportistas, con personas con VIH, así que es una prueba validada.
Pero yo reitero que si el médico considera que quien tiene en frente es una persona, surge la empatía. Se ha encontrado, por ejemplo, que en el cerebro hay unas células que se llaman neuronas en espejo donde usted se identifica con lo que el otro está haciendo. Percibir que el otro está sufriendo es una cuestión tan humana, que yo no creo que haya que estudiar mucho. Se trata más bien de considerar que este factor existe.
Como profesionales nosotros tenemos una alta exigencia porque estamos manejando situaciones muy dramáticas como son la enfermedad o la muerte, probablemente las dos situaciones que más hacen sufrir a la gente. Yo creo que en este momento lo que a la gente no le gusta de los servicios médicos es que pasan por alto esa parte. Por eso al Congreso Internacional sobre Comunicación y Salud (Medellín, Septiembre 27 a Octubre 1 de 2010), trajimos a un paciente que vino y nos contó qué siente al persona cuándo está enferma. Lo que queríamos es que alguien nos contará en sus propias palabras cómo es esta experiencia. Está claro que hay situaciones que solamente pueden ser expresadas y explicadas por quién las vive.
Es muy difícil tener la sensación, la percepción de que algo duele; eso despierta una emoción de dolor y sufrimiento, pero el lenguaje interno es muy diferente... no siempre es fácil explicar qué es lo realmente problemático de esta situación.
JV: ¿Qué están haciendo las escuelas de formación en este sentido?
LC: Con todo respeto, yo creo que están haciendo muy poco. Cuando se llega a la Facultad de Medicina siendo un estudiante de bachillerato, yo creo que a uno deberían enseñarle dos cosas: primero que todo, a enfrentar las emociones porque siendo uno un muchacho llega a enfrentarse con tragedias, muerto, enfermos, cadáveres... cosas para las que uno no está preparado. Pero lo segundo que deberían decirle es que los conceptos comunicación y vida son inseparables. A uno deberían decirle esas dos cosas la primera mañana en que está en la facultad, y de ahí en adelante las cosas se pueden facilitar mucho.
La Iniciativa de Comunicación, CILA: Uno de los temas recurrentes en el Congreso era la incidencia que tenían los sistemas de salud en la praxis de la medicina, y de una manera muy particular, cómo afectaban la posibilidad de una relación médico-paciente más cercana y efectiva. ¿Es esto cierto? ¿Son los sistemas de salud tan determinantes?
LC: Yo creo que sí. Yo no soy experto en administración de salud, pero si es claro que el sistema en el que uno se mueve termina marcando sus dinámicas. Yo no sé qué tan utópico sea lo que voy a decir, pero uno debe hacer las cosas bien hechas independientemente del sistema de trabajo en el que esté; si uno no puede hacer eso, debe pensar en cambiar ese sistema. No se trata de un llamado a la rebelión, pero si es un llamado a que los profesionales de la salud se unan para pensar en el cambio del sistema en el que trabajan diariamente. Cualquier sistema debe estar centrado en la persona, debe estar diseñado para enfrentar el sufrimiento, debe ser sostenible, y tiene que contar con los aportes de profesionales que prestan el servicio y de los usuarios, porque finalmente todos somos usuarios. Sin esas cuatro condiciones difícilmente un sistema puede ser bueno.
Estamos de acuerdo en que el sistema que tenemos dificulta mucho las cosas porque las consultas se interrumpen por llamadas telefónicas y no hay tiempo para nada. Pero a veces usted en dos minutos puede demostrarle al paciente con una mirada, una sonrisa, con un gesto, con un abrazo, que está pensando en él, que lo está considerando, que lo está acompañando en ese duro momento que está pasando.
Claro, lo ideal sería tener para cada paciente 30 minutos o una hora, pero la verdad es que en Barcelona nos daban 7 minutos y aquí tenemos 20. Sin embargo uno aprende a manejar el tiempo. Aun teniendo una hora, si usted no tiene en cuenta la parte social y personal de quien consulta, pues no va a detectar nada ni va a manejar nada.
JV: A mí me llama la atención que en el campo de la formación en medicina, hay materias que tienen una normatividad técnica muy rigurosa, pero que en el caso de la comunicación es incluso una materia electiva. ¿Usted qué opina de eso?
LC: La medicina fue hasta hace algún tiempo parte de las ciencias sociales como la filosofía o la antropología, Pero en algún momento decidió que se iba a enfocar en el saber científico y se apartó de las demás. Para mí eso nunca debió suceder porque precisamente las ciencias sociales nos proporcionan lo elementos para comprender eso que desde la ciencia no se puede percibir, que es básicamente lo que los pacientes están sintiendo. Como en este momento la enseñanza de la medicina está centrada en los órganos, nosotros nos convertimos en expertos en ojos, rodillas y riñones, y no nos importan otros saberes como los que se pueden obtener desde la comunicación. Lo único que nos importa es saber si el riñón está dañando, para que en caso de así sea, lo saquemos y solucionado el problema. En eso está la medicina en este momento, y a eso se debe su fracaso.
Hay un investigador de nombre Pellegrino que dice que "la medicina es la más científica de las humanidades y la más humana de las ciencias", y yo creo que es la mejor de las definiciones. Yo creo que si nosotros reconocemos el valor de unas y otras, las incluiremos en los programas. Si a mí desde el primer día me dicen que comunicación y vida son dos conceptos inseparables, yo no tengo ningún problema en estudiar comunicación durante toda mi carrera. Pero si ni mis profesores, ni mis directivos, ni nadie me lo menciona, a mi me parece una cosa extraña porque "yo viene fue a aprender sobre enfermedades", lo cual es un tremendo error porque desde que uno nace hasta que muere está comunicándose, y jamás deja de hacerlo.
JV: A partir de esos hallazgos, ¿cómo surge desde un centro de investigación en salud, la idea de un Congreso sobre comunicación y salud?
LC: Yo llegué a Medellín en enero de 2009 y conocí a un grupo que se llama Nacer que había un trabajado en el año 2006 en el Urabá antioqueño. Allí se dieron cuenta de que las maternas consultaban al médico, pero que tenían sus hijos con parteras. Al profundizar se dieron cuenta de que el gran error era la comunicación porque las mujeres veían a los médicos como personas distantes, regañones, a veces groseros e intervencionistas, mientras que las parteras eran de su confianza, más cercanas, más humanas y las entendían mejor. A partir de ese momento coincidimos en nuestras inquietudes y desde aquí estamos convencidos, en que si no sabemos comunicar, entonces ¿para qué sabemos tanto?
En este momento tenemos esa gran preocupación y por eso escribimos artículos en los medios de la universidad, insistiendo en la persona, en esos consensos que hemos comentado aquí; tenemos también un ciclo de cine en el que mensualmente pasamos una película, y la discutimos, no desde la enfermedad, sino desde lo que le dice el médico a la paciente, y como ella le transmitió su preocupación, y cómo reaccionaron ambos; y finalmente hicimos el Congreso, que era mi sueño desde que estaba en Barcelona.
CILA: ¿Qué avances arrojó el Congreso de Comunicación para la salud en este tema concreto, en la relación médico - paciente?
LC: Primero que todo, nos permitió hablar abiertamente de una disciplina llamada Comunicación en Salud o Comunicación para la Salud, que es tan importante, que ya es una asignatura en muchos países. En Barcelona, por ejemplo, hay una asociación de pacientes tan fuerte, que ya constituyeron algo que se llama la "Universidad de los Pacientes".
En segundo lugar nos permitió detectar quienes son las personas interesadas en este tema. Decidimos convocar a todas las Facultades de Salud y Comunicación para ampliar nuestros interlocutores. Con la mayoría no nos conocíamos, y logramos ubicarnos todos dentro de un mapa común.
Hablamos de entrevista clínica, Rafael Obregón y Jair Vega dieron el taller sobre estrategias de comunicación y salud, la conferencia inaugural mostró muchas de las posibilidades que existen en el campo, Arvind Singhal mostró los avances de su investigación en "positive deviance"... Es decir le mostramoa a muchas personas que hay un panorama de acción muy amplio en un tema que no es un capricho académico.
Yo quedé muy contento porque se hablaron estos temas, se hicieron alianzas, se estableció una red nacional de Universidades que busca estimular la incorporación de esta temática en los currículos, y hay proyectos que van avanzando. Además fuimos capaces de conectarnos con profesionales de la comunicación y con universidades internacionales que han avanzado de manera importante en la investigación sobre este campo.
CILA: Luego del Congreso, ¿cuáles serían los pasos a seguir?
LC: En principio, yo creería que debemos fortalecer la red, estando en contacto, adelantando proyectos y ubicando referentes importantes en esta disciplina para nutrirnos de ellos. Hay que seguir haciendo eventos en todas las ciudades porque queremos seguir posicionando este tema, porque como les decíamos no se trata de un capricho académico, sino de una verdadera necesidad.
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