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Desencuentros Comunicativos en Salud
Resumen
La autora participó en el proyecto “Fortalecimiento de las capacidades nacionales de Comunicación en Salud”, conducido por el Consorcio de Universidades en ocho regiones de Perú. Durante la ejecución de esta investigación realizó acompañamientos y promoción de los procesos educativos vividos por unos treinta docentes de universidades públicas del país, pudiendo reconocer entre todos las competencias que exige una comunicación integral y comprometida con el desarrollo humano desde la salud. A partir de esta experiencia la autora identifica problemáticas significativas de cada localidad, a propósito de la convergencia entre ambas perspectivas disciplinarias. Este trabajo entonces recorre conceptualmente las impresiones de su experiencia.
Textocompleto
Demanda de capacitación en comunicación y salud sin oferta suficiente
Percibimos en las diferentes ciudades, tanto en promotores y técnicos como en algunos sectores profesionales de la salud, que los participantes se encontraron ante nuevas perspectivas de trabajo no tomadas antes en cuenta, manifestando un gran interés por tales descubrimientos. De hecho la demanda que se fue gestando fue mayor que la oferta, incluso en términos cuantitativos. En algunas zonas los locales quedaban pequeños. Al parecer, quienes están comprometidos con la salud pública en sus diferentes niveles no habían recibido capacitación alguna al respecto, según sus declaraciones, quizá porque siempre se contrataba el servicio de terceros para hacer comunicación. Al recibir nuestros enfoques y propuestas, más colindantes con una visión integral y complementaria entre comunicación y salud, profesionales y autoridades de salud sentían que no estaban en terreno ajeno, sino que la comunicación les competía directamente. La participación de docentes universitarios y de actores de la salud fue constante y activa. Estaban ante una nueva oferta para mejorar la salud en el país, desde la participación y una novedosa comprensión comunicativa. La pregunta reiterativa giraba en torno a la búsqueda de explicaciones sobre esta gran ausencia de una oferta comunicativa en salud desde la capacitación.
Homogeneización comunicativa
Sin embargo, sí se implementaban diversas acciones comunicativas en cada región, más en unas que en otras. Pero el modo de intervenir era bastante similar, casi idéntico, primando el modelo de campaña, con una fuerte tendencia homogeneizadora en su definición estratégica y en la espera de resultados casi mágicos, ligados nada menos que al cambio de comportamientos, como si fuese una operación simple. Estado y organizaciones no gubernamentales con proyectos grandes son los que más suelen asumirlo así. Nos preguntamos con gran preocupación ¿por qué los planes de comunicación en salud se parecen tanto entre sí, si pueblos, problemas, cultura y vivencias de la gente son tan diferentes?. ¿Por qué se sigue la misma travesía metodológica cuando nos dirigimos a población rural o urbana, a jóvenes o mayores, a mujeres empoderadas o dependientes, en sectores de extrema pobreza y de mediana, en etnias y procesos culturales diferentes o con respecto a conflictos de diverso tipo?. Es evidente que el modelo seguido se basa en una intervención de campaña publicitaria prototípica y superficial, que además supone una comprensión previa de la realidad centrada casi exclusivamente en problemas de conducta de la población usuaria, los que deben ser resueltos recurriendo a una estrategia de seducción y no de convicción, menos aún de soluciones de conjunto sobre el mundo real en que la ciudadanía está inserta.
El problema sujeto-realidad queda así reducido a su actuación exterior en busca de resultados elaborados desde comportamientos ideales, ubicando diferencias solo en el nivel del consumo de mensajes. De allí que se opte por una estrategia de cambio centrada en las audiencias y no en su entorno, menos aún en la asociación entre tales conductas y las condiciones sociales, las subjetividades culturales, las políticas públicas, la ausencia de reconocimiento, la exclusión real y simbólica, etc. La comunicación se concentra así en la relación anunciador-consumidor, concepto extraído de las reglas del mercado, aplicándose mecánicamente hasta en situaciones difíciles. De allí que diferencias y complejidades se nieguen. En esa línea la comunicación es un conjunto de recetas sobre pasos a cumplir incluyendo la evaluación del impacto logrado. Una suerte de normas aparentemente tecnológicas que varían según las modas del momento, entre flechas y caminos predeterminados a seguir. El otro no constituye un enigma a descifrar o descubrir sino un extraño al que habría que convencer de cambiar. Tampoco es un sujeto social o comunitario, inserto o enredado entre avances y problemas. Tal rusticidad comunicativa removió nuestras sensibilidades.
Desde esa mirada, era lógico que se supiera poco sobre la comunicación misma y para qué se trabajaba con ella ni cuáles eran los conceptos implícitos en las prácticas sugeridas. Siempre lejos del pensamiento y la teoría se actúa casi a ciegas. Se oculta la contradicción que podría existir entre una metodología o estrategia seleccionada y otra. En las famosas charlas, por ejemplo, se usaba la propuesta difusionista con un aderezo participativo final, de alguien que sabe frente a otro que no sabe nada, posición que Paulo Freire cuestionara llamándola educación bancaria, modelo muy usado por personal médico y por promotoras. Cuando se trataba de promover vacunaciones en cambio, el mercadeo social más global desde campañas era seleccionado como única posibilidad. El periodístico casi no se usa, salvo tímidas notas de prensa que originan noticias de menor importancia, vía radio o periódico local. Es evidente que algo de fondo está funcionando mal en comunicación para la salud en nuestros países.
Percibimos en las diferentes ciudades, tanto en promotores y técnicos como en algunos sectores profesionales de la salud, que los participantes se encontraron ante nuevas perspectivas de trabajo no tomadas antes en cuenta, manifestando un gran interés por tales descubrimientos. De hecho la demanda que se fue gestando fue mayor que la oferta, incluso en términos cuantitativos. En algunas zonas los locales quedaban pequeños. Al parecer, quienes están comprometidos con la salud pública en sus diferentes niveles no habían recibido capacitación alguna al respecto, según sus declaraciones, quizá porque siempre se contrataba el servicio de terceros para hacer comunicación. Al recibir nuestros enfoques y propuestas, más colindantes con una visión integral y complementaria entre comunicación y salud, profesionales y autoridades de salud sentían que no estaban en terreno ajeno, sino que la comunicación les competía directamente. La participación de docentes universitarios y de actores de la salud fue constante y activa. Estaban ante una nueva oferta para mejorar la salud en el país, desde la participación y una novedosa comprensión comunicativa. La pregunta reiterativa giraba en torno a la búsqueda de explicaciones sobre esta gran ausencia de una oferta comunicativa en salud desde la capacitación.
Homogeneización comunicativa
Sin embargo, sí se implementaban diversas acciones comunicativas en cada región, más en unas que en otras. Pero el modo de intervenir era bastante similar, casi idéntico, primando el modelo de campaña, con una fuerte tendencia homogeneizadora en su definición estratégica y en la espera de resultados casi mágicos, ligados nada menos que al cambio de comportamientos, como si fuese una operación simple. Estado y organizaciones no gubernamentales con proyectos grandes son los que más suelen asumirlo así. Nos preguntamos con gran preocupación ¿por qué los planes de comunicación en salud se parecen tanto entre sí, si pueblos, problemas, cultura y vivencias de la gente son tan diferentes?. ¿Por qué se sigue la misma travesía metodológica cuando nos dirigimos a población rural o urbana, a jóvenes o mayores, a mujeres empoderadas o dependientes, en sectores de extrema pobreza y de mediana, en etnias y procesos culturales diferentes o con respecto a conflictos de diverso tipo?. Es evidente que el modelo seguido se basa en una intervención de campaña publicitaria prototípica y superficial, que además supone una comprensión previa de la realidad centrada casi exclusivamente en problemas de conducta de la población usuaria, los que deben ser resueltos recurriendo a una estrategia de seducción y no de convicción, menos aún de soluciones de conjunto sobre el mundo real en que la ciudadanía está inserta.
El problema sujeto-realidad queda así reducido a su actuación exterior en busca de resultados elaborados desde comportamientos ideales, ubicando diferencias solo en el nivel del consumo de mensajes. De allí que se opte por una estrategia de cambio centrada en las audiencias y no en su entorno, menos aún en la asociación entre tales conductas y las condiciones sociales, las subjetividades culturales, las políticas públicas, la ausencia de reconocimiento, la exclusión real y simbólica, etc. La comunicación se concentra así en la relación anunciador-consumidor, concepto extraído de las reglas del mercado, aplicándose mecánicamente hasta en situaciones difíciles. De allí que diferencias y complejidades se nieguen. En esa línea la comunicación es un conjunto de recetas sobre pasos a cumplir incluyendo la evaluación del impacto logrado. Una suerte de normas aparentemente tecnológicas que varían según las modas del momento, entre flechas y caminos predeterminados a seguir. El otro no constituye un enigma a descifrar o descubrir sino un extraño al que habría que convencer de cambiar. Tampoco es un sujeto social o comunitario, inserto o enredado entre avances y problemas. Tal rusticidad comunicativa removió nuestras sensibilidades.
Desde esa mirada, era lógico que se supiera poco sobre la comunicación misma y para qué se trabajaba con ella ni cuáles eran los conceptos implícitos en las prácticas sugeridas. Siempre lejos del pensamiento y la teoría se actúa casi a ciegas. Se oculta la contradicción que podría existir entre una metodología o estrategia seleccionada y otra. En las famosas charlas, por ejemplo, se usaba la propuesta difusionista con un aderezo participativo final, de alguien que sabe frente a otro que no sabe nada, posición que Paulo Freire cuestionara llamándola educación bancaria, modelo muy usado por personal médico y por promotoras. Cuando se trataba de promover vacunaciones en cambio, el mercadeo social más global desde campañas era seleccionado como única posibilidad. El periodístico casi no se usa, salvo tímidas notas de prensa que originan noticias de menor importancia, vía radio o periódico local. Es evidente que algo de fondo está funcionando mal en comunicación para la salud en nuestros países.
Fuente
Correo electrónico remitido a La Iniciativa de Comunicación.
Educadora y Comunicadora peruana. Es Investigadora Principal del Centro de Investigación y miembro del Consejo Directivo de la Asociación de Comunicadores Sociales, Calandria, de la cual fue Fundadora, Presidenta y directora entre 1994 a 1998 y es Asesora institucional en procesos de evaluación y PME.
Profesora catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima desde 1979 hasta la fecha, y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos entre 1981 - 1988.
Fue Coordinadora del Programa de Comunicación Popular del Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL). Desde 1991 hasta 1995. Y es actual presidenta del Directorio de la emisora "Milenia Radio". 2000. Así como miembro del Consejo Directivo de la Veeduría Social de la Comunicación, desde 1999 hasta hoy.
Ha sido fundadora de tres instituciones dedicadas al tema de la Comunicación Social: Calandria, Colectivo Radial Feminista, Veeduría Social de la Comunicación. También fue asesora Nacional de la Juventud de Estudiantes Católicos entre 1964 - 1967. y tuvo a su cargo la Presidencia Nacional de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos 1962 - 1963.
Profesora catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima desde 1979 hasta la fecha, y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos entre 1981 - 1988.
Fue Coordinadora del Programa de Comunicación Popular del Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL). Desde 1991 hasta 1995. Y es actual presidenta del Directorio de la emisora "Milenia Radio". 2000. Así como miembro del Consejo Directivo de la Veeduría Social de la Comunicación, desde 1999 hasta hoy.
Ha sido fundadora de tres instituciones dedicadas al tema de la Comunicación Social: Calandria, Colectivo Radial Feminista, Veeduría Social de la Comunicación. También fue asesora Nacional de la Juventud de Estudiantes Católicos entre 1964 - 1967. y tuvo a su cargo la Presidencia Nacional de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos 1962 - 1963.
Comments
Muy interezante las propuestas y sobre todo enriquesedora para tener mas conocimiento de la Comunicacion en Salud...Estoy muy interezado en tener mayor informacion sobre todo en capacitaciones y especializaciones agradecere que por favor me tomen en cuenta Mi nombre es Rafael mi correo es rafolevy33@yahoo.es y trabajo en la Direccion de Comuniaciones de la Direccion de salud I Callao ...muchas Gracias
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