Visión y practica desde un canal privado
el reto de una televisión menos violenta, y exitosa, pero responsable y constructiva.
Por Paulo Laserna Phillips
Presidente del Canal Caracol
Canal privado colombiano.
Ponencia presentada en el marco del VII Encuentro de Televisión "La Televisión que Necesitamos" (Universidad de Antioquia, Agosto 21 - 22 de 2003, Medellín, Colombia)
Como presidente del Canal Caracol, quiero aclarar que aparte de tener convicciones personales con las cuales tengo el compromiso de ser consecuente, hoy represento aquí una posición de canal privado de televisión que me impone parámetros y definiciones. Por esto encontrarán mucho de mi trabajo actual en estas reflexiones, tratando de contextualizar nuestra visión de la televisión desde la perspectiva particular aún en su función pública.
Como muchos de ustedes recordarán, en el sistema de televisión que existía en Colombia, el único programador era el Estado, que imponía a las programadoras concesionarias privadas el tipo de productos que debía ir en cada franja y ellas se beneficiaban económicamente de esa torta monopolística. En julio de 1998 este sistema fue ampliado con el ingreso de los canales privados, con lo cual se generó un enorme contraste en el que los canales públicos ganaron un round de dos años y medio y los privados ganaron el siguiente de otros dos años y medio. No sabemos cuál será el desenlace del próximo round, porque entra un nuevo contendor a partir del 1 de enero del 2004.
Cuentan los antepasados que antes existían unos canales públicos con una estructura de programación dedocrática y supuestamente equilibrada, donde las familias de los grandes políticos garantizaban, si no la independencia, por lo menos lo que se creía que era un balance de fuerzas políticas en la información. La torta del entretenimiento por su parte, se repartía entre algunos empresarios serios, productores de televisión y algunos adjudicatarios amigos de los poderosos de turno.
Después, cuando aparecieron los canales privados, aquellos protagonistas del "equilibrio" se convirtieron en los adalides de la llamada dizque "red independiente", que ha terminado por exigir planes de salvamento para defender su privilegiada supervivencia. Ahora viene, con la nueva licitación, un sistema público de adjudicación donde todos deseamos que se salven las empresas productoras de televisión serias, y puedan competir dentro de una estructura de canal público con los canales privados; pero ojalá sin las argucias y artimañas que los conviertan, de hecho, en un canal privado, sin haber pagado el peaje que pagamos los canales privados y donde, depronto, podrán terminar, Dios no lo quiera, en manos de capitales extranjeros que aprovecharán, ante cualquier papayazo, el caballo de Troya diseñado en nuestra macondiana Colombia.
Me voy a referir, como me corresponde entonces, a la televisión privada, donde los canales Caracol y RCN pagaron, hace 5 años, cada uno, en la ola de la privatización, como simple peaje para entrar, la bobadita de 95 millones de dólares, equivalentes a 285 mil millones de pesos de hoy, más el costo de inversión en una red de transmisión conjunta que casi alcanza el 95% del territorio nacional, por un costo que al finalizar será de casi 46 millones de dólares; es decir, la módica suma de 138 mil millones de pesos. Cada canal privado habrá invertido, entonces, para tener su señal al aire, alrededor de 118 millones de dólares, o sea 354 mil millones de pesos. Todo esto además de los gastos de operación de la mencionada red, y de la inversión en los equipos necesarios para producir el material nacional que nutre los canales privados.
Los concesionarios de la nueva licitación que inician labores a partir de enero del 2004 en el canal público Uno, que vale la pena reiterarlo una vez más, son empresas privadas como lo eran las anteriores concesionarias de los canales públicos, no pagarán el peaje para entrar, no pagarán la construcción de la red, es decir, los 354 mil millones de pesos de los que hablábamos, y no pagarán la inversión en los equipos de producción y emisión que ya tiene instalados Inravisión, aunque sí, hay que reconocerlo, pagarán por lo menos parcialmente los gastos de operación de la red de transmisión de Inravisión y un alquiler por los equipos de producción. Como entenderán, menciono estas diferencias de costos porque, al parecer, y según ese mundo "tan extraño" de los negocios, podría entenderse que hay una inequidad entre empresas privadas, en caso de que el canal público llegara a operar como un canal unificado, es decir, como un canal privado. Ustedes saben: contradicciones del capitalismo tropical.
Desde luego, todas estas cifras serían irrelevantes, sí y solo sí, se respeta el propósito de exigir que en el canal público las empresas privadas adjudicatarias cumplan con sus restricciones y su porción de programación de interés general, justificando así el subsidio que el Estado les brindó para participar, sin peaje, sin inversión y con unos costos de operación por debajo de los reales del mercado. Amanecerá y veremos.
Bueno, ahora si vamos a lo que vinimos, o por lo menos a lo que me dijeron que veníamos: A hablar de los contenidos de la televisión. En los canales privados, aunque tenemos la responsabilidad de toda la programación y la atendemos con el mayor interés, he escogido apenas una parte. Nosotros concentramos dedicación importante de nuestros esfuerzos en el prime time o los llamados espacios triple A, que van desde las 7 hasta las 11 de la noche, es decir, la parte sustanciosa de la torta económica, donde se concentra casi el 70% de la inversión publicitaria. Me da pena una vez más hablar de plata, pero debo recordarles que aquellos 354 mil milloncitos de pesos nos obligan a pensar en la necesidad de recuperar algún día la inversión que se hizo y, por consiguiente, a usar un criterio de rentabilidad en algunos casos.
El prime, como ustedes lo saben, a lo largo de la semana se compone de noticieros, dramatizados, en algunos casos concursos, humor, algunas películas y por temporadas de los controvertidos realities. Por ello vamos a hablar con algún detalle de las telenovelas, de las noticias y de los realities, donde se observará la supuesta contradicción entre la rentabilidad y la responsabilidad social en la que se debaten los medios de comunicación.
Los dramatizados y las telenovelas
Creo que uno de los campos que demuestra la calidad de la televisión colombiana es el de los dramatizados y las telenovelas. El éxito de nuestras producciones a lo largo de los últimos 20 o 25 años ha consolidado un estilo colombiano de hacer telenovelas, y nos ha valido el reconocimiento internacional.
Los trabajos que se han desarrollado a partir de varias identidades regionales, por ejemplo, han sido un proceso colectivo de la televisión en el cual distintas programadoras, productoras y los canales privados han hecho aportes significativos con telenovelas como La abuela, La mala hierba, Pero sigo siendo el Rey, Gallito Ramírez, Caballo Viejo, En cuerpo ajeno, Sangre de lobos, San Tropel, Quieta Margarita, Las Juanas, Café, La madre, Betty la Fea, Pedro el Escamoso, María Madrugada o Los pecados capitales, por mencionar sólo algunas, que hacen de la televisión nacional una televisión colombianista, competitiva e interesante, que ha respetado la esencia del formato, lo ha actualizado y lo ha acercado a la realidad nacional, creando un tipo de producto moderno.
Estas historias, además, incorporan el humor o el misterio, trabajan personajes diversos, muestran regiones del país y patrones culturales, costumbristas y plurales, incluyendo un importante número de escenas en exteriores, lo que permite ambientar y familiarizar a los televidentes con nuestra geografía nacional, y han creado una memoria en aspectos culturales claves para los colombianos como son, por ejemplo, el café o el vallenato, y sobre todo lograron una oferta variada que ha enriquecido muchísimo al género para competir con las telenovelas mexicanas o venezolanas.
Otras novelas que están o han estado recientemente en el prime time obedecen a un enfoque diferente, que es el de la internacionalización del producto colombiano. Nunca nadie se imaginó que el talento represado en Colombia podía llegar a ocupar los espacios que está llamado a ocupar hoy en el mercado internacional, y que hemos descubierto en los últimos años. Sin embargo, a pesar de que hemos constatado lo buenos y talentosos que somos, también hemos visto lo coloquiales y parroquiales que hemos sido en el manejo de nuestro dialecto costumbrista y nuestra temática excesivamente insular. Sin embargo, seguimos innovando a veces, a través de coproducciones, en la búsqueda de historias colombianas modernas, que no tengan un compromiso tan marcado de género, que sean atemporales y que no dependan de un espacio específico. Es decir, unos dramatizados que, respetando nuestra esencia, trasciendan lo colombiano en su temática y su dialecto excesivamente insulares, para poder llegar fluidamente a un público realmente amplio como el latinoamericano.
Sabemos de las críticas que se nos hacen y reconocemos el valor parcial de ellas, pero estamos convencidos de la importancia de la penetración colombiana en la televisión internacional, y hemos decidido combinar esta estrategia con la reiteradamente colombianista, que en ningún caso hemos abandonado, y como ejemplo vendrán en este año Mi dulce compañía, El verdadero Rodrigo Leal y Mesa para tres.
Les quiero aclarar que aunque Caracol les parezca una empresa rica, la aspiración de ser la tercera empresa productora latinoamericana después de Globo (B) y Televisa (Mx) es una utopía, porque ante ellos somos unos pobretones venidos a más.
Cuando asumí como presidente en Caracol, teníamos al aire una franja que irónicamente yo llamé educativa, entre las 11:00 a.m. y las 12:30 p.m., y que me demoré muy pocos días en eliminar, pues agrupaba al supuestamente entretenido Laura en América, una conflictiva y denigrante producción peruana, y Siguiendo el rastro, un amarillista docudrama como tantos otros de los que hoy siguen plagados otros canales de la televisión colombiana, en los que se explota de manera morbosa la terrible realidad violenta de nuestro país. Este aspecto de la violencia morbosa en Caracol nos preocupa mucho, y hemos promovido con nuestros creativos una propuesta en la que se reemplace la violencia morbosa por el realismo, que puede aún ser crudo, pero sin un manejo morboso.
Bajo esta lógica, empezando a fomentar la sensibilidad, y hasta el humor, se han hecho dramatizados como Historias de hombres sólo para mujeres, Pedro el Escamoso, Pecados Capitales, María Madrugada o Siete veces Amada.
No sobra mencionar que, sorprendentemente, Sofía dame tiempo y La Venganza, que forman parte del nuevo corte internacional, han sido súper exitosas, desplazando a novelas costumbristas como La costeña y el cachaco. Entonces, parece haber una irónica constatación de que las telenovelas de acción logran captar más audiencias que el costumbrismo regionalista. Sin embargo, en materia de telenovelas nada está definido, pues la heterogeneidad define a los televidentes, y, por ello, los productos no pueden ser de un único corte, sino para diferentes públicos y buscando poder llegar a la base más amplia posible.
La autorregulación y la prudencia en todo caso e independientemente del rating, deben ser parte integral de nuestro compromiso con la comunidad, no eliminando la temática de la violencia cotidiana, sino intentando darle un tratamiento responsable sin excesos ni imágenes morbosas. Si bien han salido imágenes violentas en novelas y películas de acción por las que somos criticados y me ridiculizan por asumir un llamado a la prudencia, hay algunas imágenes de los productos comerciales supuestamente para todas las audiencias, que han sido recortadas en algunos programas en el Canal Caracol por decisión propia nuestra, como un llamado a la cordura y a la sensatez.
Es cierto que no podemos reivindicar nuestra condición de adalides de la no violencia, pero estamos comprometidos con ir hacia una televisión menos violenta, más respetuosa, ojalá constructiva y sobre todo responsable.
La información: Los noticieros y periodísticos
La naturaleza de los medios periodísticos, especialmente los electrónicos, es contar las noticias pronto, es decir, lo que es nuevo o lo que acaba de suceder. El mundo atraviesa por una gran revolución tecnológica que se expresa con la inmediatez en el área de las telecomunicaciones que se usan para describir los hechos. Con estos avances, el margen para comprender o reflexionar sobre lo que está sucediendo es cada vez más pequeño. Todo es tan rápido que es difícil contextualizar. Tal vez por esto, nunca como ahora, los medios tienen una mayor responsabilidad en hechos como la guerra contra Irak o en el conflicto interno armado de Colombia. Se nos ha señalado en repetidas ocasiones como co-responsables de la retroalimentación de nuestra situación, y de alguna manera lo somos por la forma parcial como presentamos la realidad en bruto; de ahí la importancia de la contextualización y del análisis. Del lema del maestro de la inmediatez, Yamid Amat, "lo que está sucediendo, cuando está sucediendo", debemos pasar al lema responsable "qué, cómo y por qué está sucediendo", dentro de lo posible.
No es posible construir un país escondiendo la realidad social de Colombia, sólo porque consideramos que hay una saturación de negativismo en los medios. Nuestra realidad social es dramática y es violenta en extremo. Hay una saturación de violencia en el país y no exclusivamente en los espacios informativos, sino en la realidad cotidiana y, lamentablemente, por ello hay que registrarla. Pero es nuestro deber evitar ser irresponsables, morbosos o amarillistas en el tono o en el tratamiento de la información. No evitarlo sería desinformar como lo han hecho algunos.
Las noticias no sólo son fundamentales para los canales como parte de su responsabilidad indelegable de informar a la sociedad, sino que son el producto de mayor exposición institucional, en el cual el canal pone la cara y la responsabilidad de su autoría frente al escrutinio público. El Canal Caracol, por ejemplo, tiene, además de los avances y extras, cuatro horas y media diarias de noticieros entre semana, y 1 hora en cada día los fines de semana. Esto quiere decir que cada mes tenemos aproximadamente 110 horas de noticias.
Este año, Caracol Noticias cumplió 5 años. El proceso de aprender ha sido sistemático. La sucesión desbordada de acontecimientos de guerra en Colombia y el mundo, ligadas al desarrollo tecnológico que se ha impuesto en el mundo de los medios, nos han llevado a caer en la información–espectáculo, como en la época del Caguán o el bombardeo a Irak. Nuestros medios son también víctimas de la globalización, y con ella de la inmediatez sin reflexión, y como lo decía antes también sin contextualización. Somos esclavos de la noticia, y peor aún, de la peligrosa chiva; carecemos de espacios para analizar, para producir contexto, es decir, información, porque el discurso informativo debe describir, contar y explicar al público los hechos.
Hacer un noticiero requiere de la intervención de mucha gente: Directores, editores, periodistas, camarógrafos, corresponsales. No puede haber objetividad, pues cada una de estas personas tiene una subjetividad que interviene a la hora de escoger una imagen o de hacer una pregunta, o de acoplar información. Lo que no puede dejar de existir por ninguna razón en las noticias es el equilibrio que permita registrar los diferentes ángulos y ojalá los más variados de la noticia y permitir que el público saque sus conclusiones; ese es el ideal.
Pero, ¿por qué es difícil lograrlo?. Porque la vida práctica y la académica no están tan conectadas como quisiéramos, y el vértigo de producir cuatro horas y media de noticias al día hace que lo urgente no deje tiempo suficiente para lo importante. Aunque hemos adelantado esfuerzos de capacitación entre nuestros jóvenes periodistas profesionales respecto a lo que deben ser la imagen y la información responsables, somos victimas de rumores e intrigas que se basan en verdades parciales. Nunca debemos bajar la guardia en el rigor frente a los intereses creados políticos o económicos, o los asesores de imagen, los lobbystas y los manipuladores, que siempre nos acechan.
Debemos ser conscientes de que los medios electrónicos no alcanzan a reflejar fielmente lo que ocurre en la realidad. Los noticieros seleccionan y construyen noticias con fragmentos de esa realidad, según unas visiones que recogen respecto a lo que sucede. Estos fragmentos ensamblados en informes de una mínima duración, en promedio de dos a tres minutos, a veces amplifican ciertos hechos, a veces los minimizan, otras veces los estereotipan y, lo que es peor, a menudo desconocen muchos hechos. No podemos ser ingenuos, y por esto es tan importante trabajar en enriquecer lo más posible el oficio periodístico con especialistas en temas jurídicos, políticos, sociales y económicos. Debemos fomentar la visión multidisciplinaria, más ahora que finalmente no existe la tal tarjeta profesional de periodista.
Es un hecho también que los periodistas que llegan a trabajar a la televisión son una población a veces efímera, pegados de una única fuente con la que terminan casi en un síndrome de Estocolmo. Entonces se sienten seducidos por las fuentes, volviendo las noticias un lenguaje unívoco, dependiendo de la versión de las fuentes, pues no todos tienen la experiencia, o la malicia, y eso hace más difícil para los medios que haya unos criterios responsables y rigurosos que garanticen la independencia. Muchos de nuestros colegas terminan asesorando en comunicaciones a los que fueron sus fuentes, y en casos extremos, lamentablemente, algunos terminan sirviéndoles de lobbystas para acomodar la información.
Debemos apostarle cada vez más duro a hacer noticieros de televisión confiables, auténticos, variados y con contexto. No debemos hacer radio en televisión. Por eso es nuestro deber enriquecer el contenido y su comprensión. Nos debe obsesionar establecer diálogos con diferentes realidades, o introducir permanentemente elementos que nos permitan acercar más a nuestra audiencia con las realidades lejanas y complejas: pero el conflicto y otras circunstancias lo hacen cada vez más difícil. Un ejemplo, aunque muy puntual, donde logramos hacerlo, fue la guerra en Irak, en donde decidimos tener a la historiadora Diana Uribe, para dar a nuestra audiencia un contexto histórico y cultural sobre un país tan distante física y culturalmente para tantos colombianos. También ella fue invitada en varias oportunidades a Lechuza, el programa periodístico que tenemos actualmente en el canal. Debemos ser capaces de ampliar este esquema ante la compleja actualidad nacional, y reconozco que es criticable que sólo tengamos este programa para el análisis de nuestra compleja realidad. Por ello estamos trabajando en la ampliación de nuestros periodísticos.
Ante el panorama descrito, junto con los codirectores del noticiero, Lucía Madriñán y Darío Fernando Patiño, alumnos de dos escuelas yuxtapuestas, y hoy maestros, hemos también implementado algunas políticas que permitan definir los criterios de las escenas que mostramos en los noticieros, siempre pensando en informar más que en dar noticias, y sobre todo cuidándonos de no ser utilizados para desinformar.
Está prohibido aventurar noticias sin confirmar, no informamos sin buscar insistentemente la versión de la contraparte, no hay cadáveres expuestos, primeros planos de heridos, no hacemos explicitas escenas violentas o morbosas en estado de indefensión alevosa. Hay instrucciones precisas para procesar las imágenes más crudas de la realidad y darles el tratamiento más ponderado posible, está prohibido ejercer la manipuladora práctica de falsear escenas, simular sonidos o, lo que es peor, combates; las imágenes que sean dramatizadas o de archivo tienen la orden de tener tal advertencia, y acogemos, por supuesto, el marco jurídico de la televisión y el Código del Menor.
Estamos en medio del fuego, y sabemos que la propaganda es un arma de guerra y caja de resonancia. Somos blanco de estrategias de intimidación por parte de la delincuencia, del narcotráfico, de la corrupción, de los grupos al margen de la ley y también de poderes políticos, públicos y económicos. Muchos intentan utilizarnos como fichas de sus propios intereses, y nuestro desafío es no permitirlo. Nuestras mejores armas deben ser la honestidad, la responsabilidad y el rigor periodístico.
Es necesario también mencionar que las autoridades tienen un grado de responsabilidad importante, al no informar con claridad,, y a veces desinformar, para no mencionar los videos ya editados que ellos entregan a los noticieros. El debate debe estar siempre sobre el tapete. Irónicamente, hay quienes pretenden, entre ellos la Corte Suprema de Justicia, en fallo reciente contra QAP, que son los medios de comunicación y los periodistas quienes deben responder por la información que publican de las fuentes oficiales. Ese es un extremo impensable y una clara amenaza a la libertad de prensa. La responsabilidad profesional de los periodistas es no tener únicamente fuentes oficiales o formales, y verificar con otras fuentes equilibradamente. Pero las manipulaciones oficiales no pueden descargarse de su responsabilidad frente a la opinión y la ley, distrayendo la responsabilidad de los hechos.
Nosotros estamos preocupados por informar de manera tal que se genere equilibrio, credibilidad y claridad. Siempre nos critican por lo que sacamos al aire. Claro, una vez más no tienen idea todo lo que no sacamos, en medio de este horroroso conflicto.
La autorregulación es parte obligada de nuestra cotidianidad. También ha crecido nuestra preocupación por abrir otros espacios y dar más participación a historias positivas. No todo puede ocuparlo el conflicto armado. Los deportes, las noticias internacionales y la tan trillada farándula, son un complemento necesario. Pero haciendo informes como La Buena Nota, Gente que Quiere a la Gente, Su vida es nuestra mejor noticia y las Crónicas de Ernesto Mc. Causland, desde el Caribe, o de Silvia María Hoyos, desde Medellín, se ha ido abriendo paso a un periodismo que enriquece la perspectiva positiva de nuestro hermoso y atribulado país.
En junio veíamos el desenlace que tuvo el caso de The New York Times, ejemplo mundial del periodismo riguroso, serio e independiente. La nuestra es una profesión delicada y su quehacer no es infalible. Tenemos mucho por hacer, y nuestro patrimonio más importante son las personas; un noticiero depende tanto del acceso a las fuentes como de la responsabilidad y el profesionalismo de los periodistas, los camarógrafos y los editores. Nosotros tenemos la obligación de velar por la calidad de la información, pero sin una sana crítica y una comunidad vigilante no habrá un control que nos exija no descuidar los principios bajo los que debemos trabajar incansablemente.
Los realities
Los realities responden a una visión urbana, de gente cada vez más aislada del contacto con su comunidad, que siente la necesidad de vivir de las experiencias de los demás y desemboca en un voyerismo al que cada vez se le une más gente curiosa. Esos realities fueron inventados en países supuestamente desarrollados, para masificar a las audiencias y lograr niveles de sintonía muy superiores a los habituales, todo a cambio de unas sumas cuantiosas de dólares que no se justifica pagar en nuestros países.
Sin embargo, los canales, en la carrera competitiva, más por un reto de ser de vanguardia y demostrar ser capaces de producir estos formatos, decidimos participar de esta tendencia tan exitosa en el mundo globalizado, y entramos en una espiral sin sentido que beneficia sobre todo a los inventores de los formatos, y del que aspiramos salir muy pronto, ojalá por ser capaces de diseñar y producir formatos nacionales.
La primera experiencia en este género la tuvo Caracol con Expedición Robinson, una coproducción en la que por parte de Colombia participaron Caracol y Teleset. Se trataba de seleccionar un grupo de colombianos muy variado en edad, procedencia y clase social, y apostarle a presentar el espíritu de supervivencia de este grupo de personas sin acudir a la indignidad de los concursantes, en una isla casi desierta que se asemejaba al cuento que todos algún día conocimos de niños sobre el náufrago Robinson Crusoe. Era voyerista pero discreta, y con un propósito positivo de exaltar las condiciones para sobrevivir en comunidad y ganar individualmente.
Después vino Pop Stars. Caracol compró este formato por considerarlo también responsable y positivo, donde se partía del talento musical, que existe sin lugar a dudas en Colombia. El medio rara vez permite a desconocidos comunes y corrientes asomarse a los escenarios. Cinco jóvenes niñas del país pudieron hacer realidad su aspiración, y hoy acaban de lanzar su segundo disco.
Hoy, enfrentamos el desafío de producir Gran Hermano, que como ustedes saben, es un reality controversial, voyerista por excelencia, donde se seleccionaron 16 concursantes auténticos, que viven aislados en una casa en Colombia, concursando por plata, y a quienes el público tiene el poder de observar permanentemente y de juzgar durante su convivencia íntima, y, en casos extremos, con la facultad de excluirlos de la misma. Aquí no hay la posibilidad de dejar mensajes positivos y enseñanzas que no provengan directamente de los miembros de nuestra comunidad que están siendo observados. Este es el reality de realities, con todo lo bueno y todo lo malo de este género. Esperemos el desenlace; no les podemos garantizar nada, y ni siquiera les podemos anticipar nada, porque ellos escriben su particular convivencia cada día. No sobra decir que la realidad de nuestras comunidades en algo o en mucho se parece a esta experiencia controversial y controvertida.
Conclusiones
Los canales privados de televisión han sido un aporte de modernización, liberalización y de vanguardia en materia tanto de programación como de responsabilidad autorregulada frente al televidente. Nunca, mientras dominaron el escenario de la televisión colombiana las programadoras privadas concesionarias de espacios públicos, hubo un claro y público propósito de autorregulación que fuera respetado. Hoy, con una libertad de prensa vigente, el Canal Caracol considera que ha sido consecuente con este compromiso, a pesar de equivocaciones que se siguen presentando y que cada vez corregiremos más celosamente.
Para que nuestro trabajo, el del Canal RCN y el de las programadoras concesionarias de espacios en el canal público pueda ser mejor, necesitamos de interlocutores válidos entre la comunidad, a través de las universidades que promuevan foros como este, las asociaciones de televidentes y de padres de familia, los anunciantes, y tantos otros grupos de interés sobre el resultado final de nuestra programación. Solamente cuando la comunidad organizada propone debates, plantea posiciones y formula análisis interesados pero respetuosos de la libertad de prensa, puede y debe haber una respuesta seria y a la vez responsable hacia el futuro.
A todos nos debe interesar tener una programación variada, incluyente y equilibrada. Debemos, con un espíritu que transmita valores positivos: promover el humor sano, estimular los deportes, promover el conocimiento a través de los programas infantiles y los concursos y lograr un entretenimiento ojalá constructivo mediante nuestros magazines, realities y dramatizados, buscando que estos últimos tengan un mayor contenido social, pero sin perder la esencia dramatúrgica que requiere del mal con el único objetivo de contrastar el bien.
Todo lo anterior suena como propósitos vanos, pero si ustedes nos ayudan organizadamente a debatir con ánimo positivo, podemos lograrlo, aún por encima de las razones económicas y de las conveniencias de tantos grupos de interés. Los necesitamos, sólo que de forma constructiva y organizada. De hecho, con la labor del Defensor del Televidente, figura que no ha sido justamente reconocida, hoy los canales tenemos un polo a tierra que nos mantiene atentos, haciéndonos sentir las opiniones de la gente y exigiéndonos soluciones ante los reclamos.
He procurado compartir con ustedes una visión y una actuación desde la práctica cotidiana de un canal privado. Quisiera decirles que la discusión sobre los efectos y alcances que tiene la televisión sobre las personas, en especial sus contenidos violentos, se mantiene viva, y no es mi papel aquí hacer un recuento de las distintas posiciones ni de las distintas miradas que han existido o de las diferentes tendencias del debate. Muchos han estudiado el tema y aún no se puede decir cuáles son las conclusiones definitivas.
Un estudio sobre la relación entre exposición de niños a la televisión violenta y los comportamientos violentos en los jóvenes y los adultos, publicado en el mes de abril de este año, tras 15 años de investigación de The American Psychological Association, indica que la exposición a la violencia en televisión genera riesgos de desarrollo de comportamientos agresivos en la madurez de los niños.
El camino más fácil para resolver esto, dice el estudio, es reducir la exposición que los niños tienen a la televisión violenta. Pero, es obvio que los padres no pueden controlar completamente lo que sus hijos ven, por lo cual los productores tenemos que hacer cada vez mayores esfuerzos para que, por ejemplo, las franjas infantiles tengan programación adecuada para los niños.
Desde luego que este estudio, como tantos otros, puede ser cuestionado, y muchos tendrán teorías diferentes para demostrar algo similar o todo lo contrario. En esa discusión yo no voy a entrar, porque no tengo la categoría intelectual o profesional para cuestionar los planteamientos de los especialistas. Sin embargo, a mí personalmente me preocupa que en un país con una realidad tan violenta como la que vivimos, se incremente esta violencia como recurso para competir en la televisión. Por lo anterior, no me voy a preocupar más, me voy a ocupar de ello y nos lo hemos impuesto con el equipo de trabajo de Caracol durante mi gestión, a veces con aciertos y otras con equivocaciones, pero siempre al unísono con los accionistas de esta compañía que, desde que me seleccionaron, aceptaron esta línea de conducta y creen en ella.
Creemos que existe la posibilidad de que haya una relación de causa-efecto en la generación de violencia, y por eso en el Canal Caracol hemos empezado a actuar disminuyendo progresivamente la exposición a los contenidos violentos.
No es posible predecir cuáles serán los efectos que nuestras decisiones tendrán sobre el público, entre otras cosas porque, contrariamente a lo que se piensa, los medios no somos una instancia de poder: no dictamos normas de conducta, no expedimos leyes, no tenemos posibilidad de sancionar a los individuos de la sociedad. Somos definidos como ‘el cuarto poder', pero, al mismo tiempo, en la información muchos esperan de nuestro oficio un contrapoder. Lo que sí es un hecho es que la reflexión de medios, comunicación e información es vital en la modernidad, y que los medios son centro de la atención de la esfera política, pues se han constituido en el espacio público moderno; centro de atención del sector económico, centro de atención de la ciencia y la tecnología. Son centro de atención, por supuesto, de las ciencias sociales, que se preocupan por su impacto en sociedad, sus contenidos, la opinión pública que generan, las posibilidades de usos educativos que representan, su papel en la conformación de la democracia, etc. Es una enorme y muy compleja responsabilidad, y no podemos evadirla.
Este espacio tiene entonces el valor de propiciar el diálogo. No es seguro que vayamos a llegar a acuerdos, pero lo que sí debe ser nuestro propósito es oírnos y respetarnos, y buscar juntos una mejor televisión para nuestro país. Quiero agradecerles y felicitarlos desde Caracol por esta iniciativa y por la muestra de INPUT y Prix Jeunesse, que contiene excelentes programas de televisión infantil y juvenil, porque como esas debemos encontrar muchas canteras más para una programación constructiva.
Para ver entrevista con Paulo Laserna Phillips, oprima acá.
Comments
OK Pablin: Now that I gave you top marks perhaps you can email me at hraymont@aol.com. Many thanks.
By the way, next time you see your foreign minister, please give her my love--her father was once my neighbor in Washington and our good friend. Abracos, as we say in Rio,
El tio Enrique (aka Onkel Heinz)
Realmente he sido una gran admiradora de las entrevistas y comentarios de don Paulo Laserna, pero se han puesto a pensar en la calidad de programas que están transmitiendo para los futuros ciudadanos? Por ejemplo el programa de los Simsoms no es nada educativo para nuestra niñez, también me gustarÃs compartir una axperiencia educativa con ustedes. Es una obra de teatro realizada por niños de quinto primaria con un mensaje que llega tanto a niños como adultos y realizada sólo con niños. Si desean comunicarsen conmigo mi correo es: pilar.carrizales@sanpedro.edu.co juntos podemos educar a Colombia.
gracias, Pilar
HOLA..............ESPERO QUE SE ENCUENTREN BIEN DE SALUD EN COMPAÑIA DE LOS SUYOS.
LA PRESENTE ES PARA PEDIRLES EL FAVOR DE BUSCAR UNA VACANTE EN ALGUNA TELENOVELA PARA YO ENTRAR. LO QUE PASA ES QUE ES MI SUEÑO DE GRAVAR EN UNA TELENOVELA.......ESTUDIO GRADO ONCE.......TENGO 17 AÑOS.........HARIA TODO LO QUE ME DIJERRAN.......VIVO EN SAN VICENTE DEL CAGUAN CAQUETA COLOMBIA........SI QUIEREN HABLAR CON MIGO LLAMEMEN AL TEL: (098) 5208460 Y PREGUNTAN POR YURY ORODÑEZ Y ESTARE EALLI ESPERANDO SU LLAMADA.........POR FAVOR NO ME CORTEN LAS ALAS.
LES AGRADECE CON TODO EL CORAZON QUE ME TENGAN PRESENTE.
ATTE:
YURY PAOLA ORDOÑEZ LOPEZ.
señores productores canal caracol, para el pueblo riosuceño es muy preocupante de que ustedes se les ha enviado la problematica quwe tiene nuestro municipio debido a el desbordamiento del rio atrato, se nos estan perdiendo vida, la alimentacion de cabo y los cultivos se perdieron, el año lectivo escolar se paralizo totalmente, esperamos hagan comentario sobre este tema en la emision de la noche 7: 00 pm
Paresemos que no fueramos de Colombia, debido al olvido por parte del gobierno y los medios de comunicacion
atentemente
CESAR MOYA MARTINEZ
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