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2.2. Entonces, ¿es ésto nuevo? y ¿tiene importancia?

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2.2. Entonces, ¿es ésto nuevo? y ¿tiene importancia?

La principal crítica dirigida a este argumento en particular y a los defensores de la Comunicación para el Cambio Social (CCS) en general, es que poco de lo que ellos dicen es nuevo. Las críticas específicas se centran en cuatro áreas:

Primero, los críticos sostienen que la comunicación participativa, centrada en la gente, ha sido el núcleo de la mayoría de la teoría y la práctica en comunicación durante muchos años, y que la mayoría de las iniciativas en comunicación buscan antes que nada empoderar a la gente, para que pueda tomar decisiones informadas. En este contexto, dicen los críticos, mucho de lo que dicen los proponentes de CCS es una reiteración de lo que ya ha sido dicho.

Segundo, los críticos sostienen que se están creando en el campo de la comunicación, fronteras artificiales entre perspectivas y escuelas de pensamiento diferentes. Buenas intervenciones en el campo de la comunicación utilizan una mezcla inteligente y localmente apropiada de cambio en comportamiento, cambio social, abogacía y otras formas de comunicación. Al concentrarse en tomar distancia de las perspectivas "tradicionales" de comunicación, CCS crea tensiones innecesarias entre diferentes concepciones de la comunicación, cuando lo que se necesita (y –se argumenta- ya ha sido puesto en práctica) es una síntesis entre un rango amplio de tipos de intervenciones.

Tercero, los críticos sostienen que los argumentos de UNAIDS y la Fundación Rockefeller (y otras similares) han surgido en gran medida de practicantes en el campo, y que aunque existe una larga tradición académica y una gran cantidad de literatura en comunicación participativa, los argumentos de CCS son débiles cuando se trata de darles una base académica rigurosa (en cuanto a su análisis, sus modelos y su teoría). De igual manera, son débiles en el momento de crear una metodología de evaluación efectiva, que pueda demostrar el impacto de su trabajo.

Cuarto, se argumenta que mientras muchas de la ideas expuestas en documentos (como por ejemplo "Marco de Comunicación" de UNAIDS) son fuertes en cuanto a los principios, son muy difíciles de poner en práctica, particularmente en el contexto de una institución grande.

Los proponentes de la Comunicación para el Cambio Social aceptan algunas de estas críticas. Ellos argumentan, sin embargo, que si bien es cierto que hay una rica tradición de comunicación participativa, particularmente en el campo de el VIH/SIDA, ésta no está siendo puesta en práctica. En respuesta a las críticas que se les hacen, ellos resaltan los siguientes aspectos:

Primero, que tanto los procesos de UNAIDS como los de la Fundación Rockefeller están centrados en debates basados en el Sur, enfocados en las bases y en la sociedad civil. Estos procesos han revelado la percepción generalizada de que las iniciativas de comunicación en el campo del VIH/SIDA en los países en desarrollo están impulsadas en forma significativa por agencias institucionales, externas, que operan de acuerdo a su percepción de lo que debería hacerse, en vez de apoyar y trabajar dentro de un marco de debates y agendas internas acerca del VIH/SIDA. En este sentido, ellas revelan una "desconexión" sustancial entre las fuentes de financiación y algunas agencias internacionales, por un lado, y las organizaciones autóctonas que trabajan en el campo, por el otro. Estas organizaciones perciben que las intervenciones tradicionales de comunicación son a menudo muy verticales, y están diseñadas a través de un proceso en el cual ellas se sienten sólo algunas veces como asociados, y en los cuales a veces están involucradas, pero sobre los cuales no sienten tener ningún control.

Segundo, que aunque la comunicación participativa es realmente parte del pensamiento entre los teóricos y practicantes de la comunicación, poner en práctica en forma sistemática estos principios sigue siendo extremadamente difícil. Comunicación Participativa y Comunicación para el Cambio Social tienden a trabajar en horizontes de tiempo muy amplios, y a ser muy difíciles de evaluar en términos de impacto. Por lo tanto, es difícil que los donantes las apoyen. Por estas razones, la mayoría del apoyo financiero tiende a ser canalizado hacia intervenciones que, como en los programas de mercadeo social, tienen horizontes de tiempo cortos, y mecanismos de evaluación claros y cuantitativos. Muchos proponentes de Comunicación para el Cambio Social argumentan que estos canales de comunicación son generalmente marginales y son sólo adiciones periféricas a programas verticales y orientados hacia el cambio de comportamiento, cuando deberían proveer el núcleo y la base de todas las otras intervenciones.

Tercero, que al cuestionar el énfasis que se percibe en las intervenciones de cambio comportamental, no se busca crear una falsa dicotomía entre diferentes perspectivas. Se trata del fuerte argumento de que a menos que las sociedades y las comunidades de los países en desarrollo diseñen y pongan en marcha los procesos de cambio básicos que son necesarios para confrontar la epidemia, y a menos que se dé apoyo a la creación de ambientes en los cuales estos cambios puedan darse, es poco probable que el progreso futuro en el manejo del VIH/SIDA sea sustentable. Ellos argumentan que los países en desarrollo, tanto en términos del gobierno como de la sociedad civil, aún se encuentran en una posición en la cual están reaccionando a la respuesta internacional al VIH/SIDA, más que moldeándola.

Cuarto, que mientras la teoría y el rigor académico son puntos débiles en términos de las intervenciones de Comunicación para el Cambio Social, hay un creciente interés en adaptar a las intervenciones de Comunicación para el Cambio Social el rigor intelectual que acompaña muchas de las intervenciones orientadas hacia el cambio en el comportamiento y en aprender de ellas.

Quinto, ellos argumentan que Comunicación para el Cambio Social, aunque no esté muy bien definida, no sólo sugiere la incorporación de técnicas más participativas en la programación de proyectos existentes, sino un cambio grande en la perspectiva, que implica que las agencias cambien sus agendas.

Sexto, ellos argumentan que muchas iniciativas de comunicación están abiertamente enfocadas hacia los síntomas de la pandemia del VIH/SIDA, más que hacia las causas subyacentes. Mientras tasas altas de transmisión sexual son innegablemente el motor principal de la rápida propagación del virus, y es necesario un cambio en el comportamiento sexual para contener la pandemia, el cambio en el comportamiento no puede lograrse sin atacar las causas subyacentes de estos comportamientos. Temas como desigualdad, prejuicio, el status de las mujeres, la responsabilidad de los hombres, la marginalización y el des-empoderamiento, la cohesión social y comunitaria, la pobreza y otros muchos factores sociales y políticos, son el motor fundamental de la pandemia. Enfrentar estos temas tiene también que ver fundamentalmente con el uso de (y el fomento a) la comunicación en la sociedad.

Y finalmente, ellos argumentan que la disputa no es necesariamente un problema de ésto o lo otro, y que claramente hay un gran valor en muchas de las intervenciones de mercadeo social y cambio de comportamiento. Sin embargo, según ellos, a menos que estas intervenciones estén implementadas dentro de un amplio contexto social y político, tendrán grandes limitaciones en términos de sostenibilidad e impacto.

2.2.1 Un mosaico de perspectivas

En este documento hemos elegido resaltar sólo unos pocos de estos debates clave en el campo de la comunicación del VIH/SIDA. Hay muchos otros, y en los campos del cambio de comportamiento, cambio social, abogacía y otras aproximaciones a la comunicación, se han dado muchos desarrollos, para no mencionar organizaciones líderes, que serán discutidas más tarde en la mesa redonda.

Una aproximación que debería ser mencionada, dada la agenda de la mesa redonda, es la de comunicación al servicio de la abogacía. Un ejemplo es el trabajo sobre género de la UNFPA. Tanto en su trabajo sobre VIH/SIDA en Africa como en el cambio de las relaciones alienantes entre los géneros en cuanto a salud y derechos sexuales y reproductivos, UNFPA busca crear un equilibrio entre comunicación para la abogacía (para crear un ambiente cultural positivo que permita la formación sexual y de género que promuevan la equidad y el empoderamiento) y comunicación para el cambio de comportamiento (para cambiar los comportamientos individuales). Ambos son necesarios para empoderar a mujeres y hombres y construir vínculos igualitarios entre ellos. Tanto en la prevención del VIH/SIDA, como en el cambio de la negativa concepción del rol de género masculino, se necesita más, no menos, abogacía.

Esta abogacía debe darse a varios niveles: enfocándose en los hombres en su papel como líderes tradicionales o comunitarios, para que colectivamente lideren el cambio de las concepciones culturales acerca de la masculinidad; asociando líderes religiosos con profesionales del campo de la demografía, para abogar por un sexo seguro y facilitar programas sobre salud sexual y reproductiva dirigidos a los adolescentes; promover la adopción de nuevos roles de género masculino, tales como una mayor participación en el cuidado de los hijos y un mayor apoyo a una maternidad segura; trabajando con hombres culpables de violencia doméstica y no solamente con mujeres, las cuales son concebidas como sobrevivientes; construyendo redes y coaliciones entre grupos de hombres; transformando los estereotipos en los medios; y generando debate sobre las responsabilidades de los hombres.

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El tema es muy interesante sin embargo, me gustaría que hicieran un análisis más a fondo y con mejores argumentos.

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son una porquerìa y no sirven para nada

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