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Más ética, más desarrollo

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Más ética, más desarrollo


Por: Bernardo Kliksberg
Coordinador General de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Etica y Desarrollo del BID

Noruega es uno de los líderes mundiales en transparencia: allí la corrupción es casi inexistente. Sin embargo, la legislación anticorrupción es reducida. La causa se halla en los valores sociales predominantes. Un corrupto sería duramente excluido, por su familia, los vecinos, los círculos sociales. Finlandia tiene la tasa de presos más baja de Europa y, al mismo tiempo, el menor número de policías per cápita del continente. La prevención de la criminalidad se halla en la cultura de valores, en el acceso a oportunidades y en el sistema de "prisiones abiertas", que efectivamente rehabilita.

Suecia casi ha erradicado la discriminación de género. Una opinión pública que considera la igualdad de género un punto de principio presiona continuamente por más avances. Canadá tiene uno de los sistemas de salud de mejor calidad del planeta y totalmente inclusivo. La población no aceptaría nada distinto: considera el acceso a una salud de buena calidad un derecho intocable, que debe ser priorizado siempre. Holanda, como los países nórdicos, el Canadá y otros países líderes en lo económico-social, tiene altos niveles de equidad en la distribución del ingreso y acceso universal a educación y salud.En las culturas de todos estos países predomina una actitud de rechazo a las grandes desigualdades y de apoyo a la equidad y a la igualdad de oportunidades.

En la raíz de su éxito está el capital social, nuevo hallazgo de las ciencias del desarrollo. Detectado en los estudios pioneros de Putnam (Harvard), abarca por lo menos cuatro dimensiones: los valores éticos dominantes en una sociedad, su capacidad de asociatividad, el grado de confianza entre sus miembros y la conciencia cívica. Los resultados de las mediciones econométricas son concluyentes. Cuanto más capital social, más crecimiento económico a largo plazo, menor criminalidad, más salud pública, más gobernabilidad democrática.

La noción no pretende suplantar al peso en el desarrollo de los factores macroeconómicos, sino que llama la atención sobre que deben sumarse a ellos estas dimensiones. El mero reduccionismo economicista es una visión estrecha y lleva a políticas ineficientes. El Premio Nobel de Economía Amartya Sen subraya: "Los valores eticos de los empresarios y los profesionales de un país (y otros actores sociales clave) son parte de sus recursos productivos". Si son a favor de la inversión, la honestidad, el progreso tecnológico, la inclusión social, serán verdaderos activos; si, en cambio, predominan la ganancia rápida y fácil, la corrupción, la falta de escrúpulos, bloquearán el avance.

La idea ha sido acogida hoy por los principales organismos internacionales. El Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y las Naciones Unidas, entre otros, han creado áreas dedicadas a impulsar el capital social. En una América Latina y una Argentina con un enorme potencial pero agobiadas por gravísimos problemas sociales, debería prestarse mucha atención a estos factores. La Unicef dice que mueren anualmente en la región 500.000 niños por causas previsibles, y más de 95 millones son pobres. En la Argentina, casi el 75 por ciento de los niños se halla por debajo de la línea de la pobreza, y el 46 por ciento de los jóvenes de la Capital Federal y el conurbano están desocupados. Entre las causas de que países potencialmente tan ricos tengan tanta pobreza, se coincide hoy en destacar los déficit éticos y el hecho de que éste es el continente más desigual de todo el planeta, y que ello es regresivo para el progreso económico y social.

El capital social puede ayudar. Se expresa en formas muy concretas que es necesario fortalecer y que pueden desempeñar un papel muy importante. Una de ellas es el voluntariado. En la Argentina, sin la acción de organizaciones ejemplares como Cáritas, la Amia, la Red Solidaria y muchas otras, la pobreza sería aún peor. El ejemplo reciente de cartoneros juntando y entregando 900 kilos de alimentos a niños tucumanos más pobres aún que ellos indica el potencial inmenso de la solidaridad que encarnan los voluntarios.

Otra materialización del capital social es la responsabilidad social empresarial. En Estados Unidos es creciente la presión pública en ese sentido y ha surgido el intento de crear, junto a los indicadores de calidad usuales, un ISO de calidad social que permita a los inversores elegir empresas que la practiquen. En Francia, los fondos éticos se difunden crecientemente y la Asociación Cristiana ftica e Inversiones pide invertir en empresas que se destaquen en valores como los derechos humanos, el respeto y desarrollo de la persona, e inversiones constructivas en países en desarrollo. En la Argentina hay un gran reclamo latente en esta dirección. Una reciente encuesta (mencionada por Tercer Sector ) detectó que el 86,5 por ciento de los consumidores dicen que la responsabilidad social pesa al definir sus compras; el 52,6 por ciento está dispuesto a pagar más por el precio de productos de empresas socialmente responsables, y el 77 por ciento, a dejar de comprar las mercaderías de las irresponsables. Círculos virtuosos Otras expresiones del capital social son el aumento de la participación ciudadana, y el fortalecer, como lo sugiere un reciente estudio del Banco Mundial ( Voces de los pobres ), las organizaciones de los pobres, abriéndoles oportunidades productivas y ayudándolas a capacitarse.

Una combinación entre políticas públicas transparentes, libres de toda corrupción, con gerencia de primera calidad, que garanticen a toda la población, como corresponde en una sociedad democrática, sus derechos a la alimentación, la salud, la educación y el trabajo, y un capital social movilizado a pleno que las complemente pueden desencadenar círculos virtuosos en el país y la región. ¿Puede hacerse? Los escépticos suelen afirmar que el contrato social está deshecho en nuestras sociedades. Sin embargo, cuando se observa la imponente explosión de conductas solidarias en la Argentina de hoy, y el reclamo generalizado por referentes éticos y valores éticos, puede afirmarse que lo más importante -el respeto en las bases de la sociedad del mandato bíblico de que somos responsables los unos por los otros y de que la indiferencia frente al sufrimiento ajeno es indigna- está a salvo. Desarrollándolo es posible avanzar en construir otra calidad de sociedad.

Fuente
Artículo publicado en La Nación On-Line.

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