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Redes sociales mediadas por ordenador
Por Luis Angel Fernández Hermana
Director de la Revista Enredando.
A música de rebuznos, contrapunto de varapalos
Redes comunitarias y conocimiento en red. Estos son los dos ejes que articulan actualmente las principales líneas de investigación sobre qué hacemos y cómo en Internet. Tras los previsibles años de perplejidad ante el expeditivo crecimiento de la Red, los centros de investigación (curiosamente: la mayoría de ellos privados, poco es lo que todavía están produciendo las universidades, incluyendo a las norteamericanas) comienzan a tomarle el pulso a las redes. Y el primer "descubrimiento" que ponen sobre la mesa los investigadores es que las redes de ordenadores son redes sociales, son instituciones sociales que no deberían estudiarse aisladas de nuestras vidas cotidianas. Han tardado en llegar a esta conclusión (nosotros lo veníamos planteando en en.red.ando desde el principio), pero más vale tarde que nunca. Ahora bien, aceptar que estamos creando e integrando estas nuevas instituciones sociales a nuestras vidas (personales, colectivas, profesionales, empresariales, organizativas, urbanas, administrativas, ociosas) supone aceptar también las enormes implicaciones de un cambio de esta naturaleza.
Ni cuando se inventó el teléfono, ni hoy, decimos de este aparato fundamental de comunicación que se ha convertido en una institución social, que haya creado sociedad alrededor de su uso. Lo mismo podemos decir de muchas de las tecnologías que, a veces, con bastante manga ancha, se las mete en el saco de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. De hecho, durante mucho tiempo el ordenador ocupó ese lugar particular asignado a las tecnologías que se incorporan progresivamente a procesos productivos. La relación determinante era la interacción humano-ordenador (HCI en sus siglas en inglés y que está en la base de toda la investigación sobre interfaces). A medidas que los ordenadores comenzaron a estar conectados entre sí desde finales de los 60, después con la llegada del correo-e, más tarde con Internet y, finalmente, la web, ahora estar "conectado" es estar conectado con gente, ya sean amigos, familiares, empresas, organizaciones, fundaciones, administraciones públicas, etc. Es lo que Eudald Carbonell, catedrático de Prehistoria y co-director del yacimiento arqueológico de Atapuerca (Burgos), señalaría como el inicio de la socialización de los ordenadores. Su incorporación a la vida cotidiana ya no lo es tanto como una tecnología más, sino como un soporte esencial para reproducir y moldear esa vida cotidiana.
Es curioso que, en los últimos años, y cada vez con mayor intensidad, una gran parte de las conferencias o seminarios sobre las redes derivan indefectiblemente, como debe ser, hacia cómo y para qué la gente usa los ordenadores (en vez de cuántos millones voy a ganar gracias a que la gente usa ordenadores). Al principio, esta discusión se centraba sobre todo en la máquina y el uso que se hacía de ésta. Aunque supuestamente se enfocaba hacia la interacción humana, en realidad la atención estaba centrada en la típica interacción humano-ordenador (HCI). Ahora, por fin, comenzamos a preocuparnos cada vez más sobre cómo dos personas -o grupos de personas u organizaciones- se relacionan a través de la Red, qué hacen, qué intercambian, qué producen, qué modifican, qué crean de nuevo. Lo que en realidad tratamos de averiguar es cómo funcionan sistemas grandes de ordenadores interconectados, en particular Internet, la red social más interconectada de todas.
Lo cual no quita que todavía persista un extendida visión sobre Internet en cuanto una especie de prótesis que nos ayuda a caminar en determinadas circunstancias, en vez de considerarla como una red social en la que estamos integrados y, a la vez, forma parte del tejido de la vida cotidiana. Esta es una de las razones por las que, cuando analizamos acontecimientos de diversa naturaleza (desde los específico en la creación de pobreza a partir de decisiones políticas y económicas que se toman ahora, hasta las actitudes ante esas decisiones, desde la forma de organizar el ocio hasta las oleadas de modas que nos invaden), a veces, sólo a veces, se "incluye en el temario" el capítulo Internet, más como una excrecencia folklórica colateral que como una parcela integrada en el proceso social que promueve, rechaza, o metaboliza de distintas maneras, aquellas decisiones.
Cuando las redes de ordenadores conectan a gente y organizaciones y, sobre todo, cuando las acciones de la gente y las organizaciones se canalizan a través de esas redes de ordenadores, estas se convierten en redes sociales. Este proceso se encuentra en una fase de "crescendo" no sólo difícil de cartografiar en los momentos actuales, sino de pronosticar su posible evolución. Tan sólo una pequeña proporción de Internet, los miembros de Usenet, participaron en más de 80.000 grupos temáticos en el año 2000. En total, ocho millones de personas publicaron 151 millones de mensajes (1). Esto es tres veces la cifra tabulada en 1996. Estos datos plantean en toda su crudeza, por una parte, la socialización de la Red y, por la otra, dos aspectos cruciales: el papel de los grupos en las redes de ordenadores (comunidades, o como se los quiera llamar) y la creación y gestión de conocimiento en estas redes socializadas.
En estos últimos años ha aparecido una abundante literatura dedicada a analizar el papel de las colectividades en Internet. Sobre todo, la posibilidad de que estas comunidades consiguieran trabajar en grupo, que es casi como una aspiración fundacional de muchas de ellas. La dificultad estriba en que las redes de ordenadores apoyan fundamentalmente redes sociales, no grupos. Un grupo es tan sólo un tipo de red social, íntimamente interconectada y con fuertes y estrechas ligazones entre sus miembros.
En las redes sociales, las fronteras son mucho más esponjosas, las interacciones muy diversas, las jerarquías menos distinguibles y más difusas (o cambiantes). De ahí que muchísimos usuarios y organizaciones se comunican con otros a través de los grupos o bordeando estos, sin por ello afectar su grado de socialización o de interacción. No dependen para ello de la forma como los grupos estén conformados y, frecuentemente, las reglas que se aplican a unos son totalmente ajenas para otros, tanto en su régimen de funcionamiento como individualmente, sin afectar por ello a principios que unos y otros consideran "sagrados" en estas redes sociales. Estos usuarios y organizaciones actúan en redes difusas, de "punto grueso", aparentemente fragmentadas con fronteras sociales y espaciales solapadas. Ello no es óbice, por supuesto, para que sus comunicaciones mediadas por ordenador se hayan convertido en una parte sustancial de sus vidas cotidianas, en vez de un conjunto separado de relaciones.
De hecho, estamos asistiendo a una creciente integración e interacción en el ciberespacio de las redes sociales (sin ordenador) con las redes sociales mediadas por ordenador. En el fondo, lo que tenemos es una multiplicidad de procesos por los que, por una parte, generamos conocimiento en las nuevas redes sociales mediadas por ordenador, lo barajamos con el conocimiento que aportan las redes sociales sin ordenador y, a la vez, el nuevo entorno permite crear una extraordinaria diversidad de herramientas y metodologías para sistematizar este conocimiento de acuerdo a los intereses particulares de las redes y grupos que actúan en las redes sociales mediadas por ordenador. Estos son procesos aleatorios, turbulentos, pero no por ello menos decisivos, pues caracterizan y determinan el lugar que ocupamos en estas redes y la forma como nos desempeñamos en ellas. En otras palabras, el cariz social, económico y político de dichas redes y de nuestras vidas cotidianas.
Es como si el conocimiento cristalizara físicamente en el mundo real para encauzarnos por redes invisibles, complejas, fragmentadas y elusivas. De ahí la importancia de desarrollar las herramientas que nos permitan comprender -formación- cómo generar y gestionar este conocimiento en red -tecnologías para construir redes inteligentes, una forma avanzada de existir como grupo en las redes sociales mediadas por ordenador-. Sobre esto, más entregas en las próximas semanas.
(1) M. Dodge, R. Kitchin, Mapping Cyberspace. Routledge, Londres, 2001.
Fuente:
Revista Enredando
Comments
solicitamos porfavor informacion acerca de las teorias en redes para comenzar a realizar nuestra tesis y estamos un poco perdidas gracias fabianam23@latinmail.com
El tema de las comunicaciones mediadas por ordenador, concebidas como formas sociales de manifestación humana, nos permite penetrar, no solamente con los centros del conocimiento y la tecnologÃa, sino con los generadores de esta base de crecimiento, que son los grupos socializantes de dicho conocimiento. Felicidades por permitirnos aorender mas de estos temas que ocupan un importante espacio en el ciber.
ANTONIO MARTIR MENDOZA
amartirmendoza@hotmail.com
Spanish
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