Lo que el tsunami nos enseño sobre evaluación de necesidades
Muchos recuerdan las imágenes vívidas de la devastación causada por el tsunami de 2004 en Asia Meridional. El tsunami fue un desastre de proporciones espectaculares—afectó 14 países, desplazó internamente a 1,7 millones de personas, y causó la muerte de aproximadamente 225.000 personas. Poco después del tsunami, un grupo de agencias humanitarias se reunió para evaluar las lecciones aprendidas de la respuesta humanitaria internacional, y produjo una serie de evaluaciones temáticas para consolidar lo aprendido. En julio de 2006, la Coalición de Evaluación del Tsunami (TEC) publicó un informe sobre la evaluación, junto con cinco evaluaciones temáticas, una de las cuales fue titulada El papel de las evaluaciones de necesidades en la respuesta al tsunami. El informe se enfoca en la efectividad de las evaluaciones de necesidades realizadas por la comunidad internacional durante los primeros tres meses.
El informe ofrece 17 recomendaciones para mejorar las evaluaciones de necesidades durante el próximo desastre de gran magnitud. Algunas de las más importantes son: Las Naciones Unidas y la Cruz Roja deberían invertir en tener la capacidad permanente de realizar evaluaciones rápidas.
Un porcentaje de los fondos asignados para el socorro en el futuro siempre deben de ser separados para actividades regionales de preparativos para desastres. Se recomienda capacitar a una gran cantidad de nacionales en cada país para asegurar que exista un grupo disponible para realizar evaluaciones rápidas inmediatamente después de un desastre. Se deben realizar anticipadamente acuerdos con los gobiernos nacionales sobre evaluaciones nacionales/internacionales después de desastres. Para facilitar la cooperación entre la comunidad internacional y las autoridades nacionales se está pomoviendo la promulgación de leyes que permita el acceso como prerrequisito para la transparencia y responsabilidad durante la evaluación de necesidades. El informe sugiere que los países donantes deben ayudar a los gobiernos nacionales a evaluar la magnitud del desastre con el uso de tecnología moderna, como sensores remotos, que podría ser una ventaja importante si los impedimentos logísticos o las preocupaciones por la seguridad ponen trabas para el acceso a las regiones devastadas después de un desastre.
Las poblaciones que sufrieron las repercusiones del tsunami remarcaron que ser evaluados es diferente a ser consultados. En lo posible, es la misma población la que debe priorizar sus propias necesidades y el uso de subsidios en efectivo. Esta práctica reduciría considerablemente la necesidad de evaluaciones temáticas y le daría a las poblaciones afectadas el poder de decisión sobre sus necesidades de albergue, alimentación u otros suministros que con frecuencia son brindados a un costo más alto por los actores internacionales.
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