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La buena información, el recurso más elusivo y escaso en grandes desastres
La producción científica y las publicaciones técnicas en el área de la medicina o la salud pública están normalmente sometidas a un arduo proceso de preparación técnica, análisis de contenidos, revisión y control editorial. Métodos y procedimientos son revisados frecuentemente con grupos de evaluación, que capturan y corrigen errores y garantizan la calidad científica para la publicación final. Este largo proceso tiene como beneficio eliminar errores, corregir mitos o falsas creencias, de tal forma que las estrategias de la medicina moderna y la salud pública están constantemente evolucionando. En emergencias y desastres las “leyes” son otras, especialmente si se trata de un desastre repentino.
En un desastre, los pasos que gobiernan la gestión y producción de información cambian. Lo más importante es la acción inmediata, y la evidencia y la información técnica pasan a un segundo plano. Los mitos sobre la respuesta humanitaria identificados por la OPS/OMS hace 25 años se mantienen vigentes. Fallas o errores identificados en evaluaciones y talleres de lecciones aprendidas se repiten en una y otra crisis. Para entender la cultura de la gestión de información en grandes desastres, hay que conocer bien qué información se necesita, qué fuentes existen para obtener datos, qué acceso existe a información y saber que su uso difiere mucho de las acciones de rutina en salud pública o en medicina.
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