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Influenza Aviar: el reto de la comunicación

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Resumen
De acuerdo a este artículo, publicado en SciDev.Net, la falta de información es un factor que contribuye de forma significativa a la propagación de las enfermedades humanas. El artículo argumenta que surgen problemas cuando las autoridades gubernamentales deliberadamente retienen información frente al público. El autor presenta varios ejemplos para ilustrar cómo la falta de comunicación transparente puede contribuir al impacto de brotes de enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la aparición en 2003 del Síndrome Respiratorio Agudo (SARS, por sus siglas en inglés) pudo haber sido controlada mucho antes si las autoridades médicas de los países en los que fue detectada primero hubieran sido más francas, tanto con su propia gente como con las agencias internacionales, respecto a lo que estaba sucediendo. Más aun, y como lo aprendió China durante el brote de SARS, en la era del flujo global de información, es muy difícil impedir el conocimiento sobre eventos de salud pública. o suprimir información, acto que solamente genera desconfianza.

Con la influenza aviar (o gripe aviar) existe un peligro similar. Los gobiernos pueden no estar dispuestos a compartir información sobre brotes, debido a las consecuencias sociales o económicas. Aunque es comprensible que sea necesario tranquilizar a la ciudadanía respecto a las dimensiones del brote y a la capacidad del gobierno de controlarlo, el artículo afirma que la tranquilidad debe estar basada en información sólida, no en intentos de ocultar información que sea embarazosa para las autoridades.

Según el artículo, los periodistas científicos y los periodistas especializados en salud tienen un papel crucial en este proceso. En parte, este consiste en informar completa y verazmente sobre los brotes de la gripe aviar cuando estos ocurran, y al mismo tiempo garantizar que los hechos sobre los que informan se presentan en una perspectiva adecuada. Para ayudar en esto, SciDev publica una sección especial de SciDev.Net, titulada ‘Bird Flu: The Facts’, con preguntas y respuestas sobre la enfermedad, noticias sobre avances científicos y sobre nuevas políticas, y con vínculos a fuentes confiables de información.

Una segunda responsabilidad de los periodistas mencionada en el artículo, es la de asegurarse que los gobiernos actúen responsablemente en relación con la comunicación de los hechos. Donde esto no sea el caso –por ejemplo, en los países del lejano Oriente que han sido lentos en darle información a la Organización Mundial de la Salud acerca de brotes de gripe aviar-, estas omisiones se deben destacar en los medios.

El artículo advierte que “los gobiernos mismos deben hacer más para garantizar que los canales de comunicación estén abiertos. Esto puede significar dejar que los periodistas hablen personalmente con los científicos de instituciones científicas, en vez de insistir en que los contactos se hagan a través de los voceros oficiales. Esto podría aun ir más allá, con la adopción de “leyes sobre libertad de la información”, como las que operan en los Estados Unidos, que aseguran que la información sea mantenida en secreto sólo cuando haya razones claras y legítimas para hacerlo. A todos los niveles de la toma de decisiones la transparencia debe estar a la orden del día. Puede que para algunos países esta sea una lección difícil de asimilar, pero en una situación en la que según la OMS otra epidemia a nivel mundial es “inevitable y posiblemente inminente”, una opción diferente podría tener consecuencias desastrosas.
Fuente
Tomado de The Communication Initiative. Traducción libre de La Iniciativa de Comunicación.
De acuerdo a este artículo, publicado en SciDev.Net, la falta de información es un factor que contribuye de forma significativa a la propagación de las enfermedades humanas. El artículo argumenta que surgen problemas cuando las autoridades gubernamentales deliberadamente retienen información frente al público. El autor presenta varios ejemplos para ilustrar cómo la falta de comunicación transparente puede contribuir al impacto de brotes de enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la aparición en 2003 del Síndrome Respiratorio Agudo (SARS, por sus siglas en inglés) pudo haber sido controlada mucho antes si las autoridades médicas de los países en los que fue detectada primero hubieran sido más francas, tanto con su propia gente como con las agencias internacionales, respecto a lo que estaba sucediendo. Más aun, y como lo aprendió China durante el brote de SARS, en la era del flujo global de información, es muy difícil impedir el conocimiento sobre eventos de salud pública. o suprimir información, acto que solamente genera desconfianza.

Con la influenza aviar (o gripe aviar) existe un peligro similar. Los gobiernos pueden no estar dispuestos a compartir información sobre brotes, debido a las consecuencias sociales o económicas. Aunque es comprensible que sea necesario tranquilizar a la ciudadanía respecto a las dimensiones del brote y a la capacidad del gobierno de controlarlo, el artículo afirma que la tranquilidad debe estar basada en información sólida, no en intentos de ocultar información que sea embarazosa para las autoridades.

Según el artículo, los periodistas científicos y los periodistas especializados en salud tienen un papel crucial en este proceso. En parte, este consiste en informar completa y verazmente sobre los brotes de la gripe aviar cuando estos ocurran, y al mismo tiempo garantizar que los hechos sobre los que informan se presentan en una perspectiva adecuada. Para ayudar en esto, SciDev publica una sección especial de SciDev.Net, titulada ‘Bird Flu: The Facts’, con preguntas y respuestas sobre la enfermedad, noticias sobre avances científicos y sobre nuevas políticas, y con vínculos a fuentes confiables de información.

Una segunda responsabilidad de los periodistas mencionada en el artículo, es la de asegurarse que los gobiernos actúen responsablemente en relación con la comunicación de los hechos. Donde esto no sea el caso –por ejemplo, en los países del lejano Oriente que han sido lentos en darle información a la Organización Mundial de la Salud acerca de brotes de gripe aviar-, estas omisiones se deben destacar en los medios.

El artículo advierte que “los gobiernos mismos deben hacer más para garantizar que los canales de comunicación estén abiertos. Esto puede significar dejar que los periodistas hablen personalmente con los científicos de instituciones científicas, en vez de insistir en que los contactos se hagan a través de los voceros oficiales. Esto podría aun ir más allá, con la adopción de “leyes sobre libertad de la información”, como las que operan en los Estados Unidos, que aseguran que la información sea mantenida en secreto sólo cuando haya razones claras y legítimas para hacerlo. A todos los niveles de la toma de decisiones la transparencia debe estar a la orden del día. Puede que para algunos países esta sea una lección difícil de asimilar, pero en una situación en la que según la OMS otra epidemia a nivel mundial es “inevitable y posiblemente inminente”, una opción diferente podría tener consecuencias desastrosas.