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El Reto de Reestablecer la Comunicación con los Ecosistemas Andinos

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El territorio de lo que hoy son los países andinos está experimentando grandes cambios... desde hace 90 millones de años cuando América del Sur se separó del África. O desde hace 150 millones de años, cuando comenzó a fracturarse Pangea, la masa de corteza terrestre que reunía los que después vendrían a ser los cinco continentes del planeta. Y más particularmente desde hace 10 millones de años, cuando empezó a formarse la cordillera de los Andes, esa “arruga” en el hasta entonces casi totalmente plano continente suramericano, que apenas alcanzó su altura actual hace 2 o 3 millones de años, y que todavía sigue creciendo a razón de unos cuantos milímetros –y en algunos casos: centímetros- al año.

 

 

La comprensión de los sistemas y de los procesos complejos no se puede lograr con una sola visión ni desde una sola rama o disciplina del conocimiento, sino que requiere de los aportes, experiencias, metodologías y saberes acumulados y sistematizados de múltiples disciplinas, al igual que del saber y sentir de muchos actores y sectores que piensan y actúan desde distintos escenarios de la vida cotidiana y no desde el saber académico y científico (diálogos de saberes). Así también, la comprensión de esos sistemas y procesos requiere del “diálogo de ignorancias” entre los vacíos, las dudas, las contradicciones, las preguntas no resueltas y las incertidumbres de los actores y sectores del conocimiento, con las de los actores y sectores “de la acción”, y con las de los actores y sectores de la decisión (que no son categorías excluyentes entre sí, en la medida en que de una u otra manera todos los actores sociales se mueven en el campo del conocimiento, en el de la acción y en el de la decisión... y además en otros campos transversales, como el de la afectividad).

 

 

La “telaraña” compleja que conforman las interacciones entre todos esos actores y sectores, conjuntamente con la “telaraña” compleja que conforman las interacciones entre los distintos factores o dimensiones presentes en una relación territorial (factores físicos, ecológicos, económicos, culturales, organizativos, institucionales, etc), determinan la vulnerabilidad y la sostenibilidad de un determinado conjunto social, en permanente relación con la dinámica natural del territorio del cual forma parte.

 

 

Los distintos actores de la interdisciplinariedad poseen el reto de trascender los límites entre las disciplinas que se comprometen en un proceso de diálogo alrededor de un problema común, para alcanzar una comprensión del problema que le permita a quien profesa una determinada disciplina, manejar una visión holográfica construida colectivamente, desde los saberes y las ignorancias de las distintas disciplinas, pero también, como anotábamos antes, desde los saberes, las ignorancias, las expectativas y los retos de quienes afrontan cotidianamente la realidad desde la vida cotidiana (lo cual incluye desde el político gobernante hasta el ama de casa o el rebuscador. Lo más importante es que las autoridades, las instituciones, los científicos e investigadores, y en general quienes habitamos un territorio determinado, en el cual existen actual o potencialmente procesos de distinto origen generadores de riesgos y por ende, capaces de desencadenar desastres, no solamente poseemos el reto de entender esos procesos, sino de actuar para evitar, precisamente, que se conviertan en desastres.

 

 

Es un reto para la comprensión de los riesgos, los desastres y los factores que los generan, pero también son retos para la decisión y para la acción. Lo cual implica nuevos retos, en gran medida inéditos, como es el de generar procesos que les permitan a los distintos actores y sectores sociales no especializados, apropiarse de los saberes que provienen de la interdisciplinariedad. Es decir, un reto de comunicación.

 

 

Los desastres: expresiones de problemas de incomunicación

 

 

Si auscultamos con cuidado las causas de los mal llamados “desastres naturales”, encontramos casi sin excepción que en la generación de las condiciones que propician que un fenómeno de origen natural o humano genere un desastre, existen problemas de comunicación –o más bien: de incomunicación- evidentes.   Incomunicación entre las comunidades y los ecosistemas; incomunicación entre los científicos y quienes toman las decisiones económicas y políticas; incomunicación entre los investigadores y las comunidades; entre las autoridades estatales y el sector privado; entre los organismos internacionales y los actores nacionales y locales; entre quienes planean y llevan a cabo el desarrollo y quienes acuden a socorrer a las víctimas de los desastres.

 

 

Esa incomunicación genera, entre otros efectos nocivos, que muchas veces cuando se toman las decisiones que definen los rumbos del desarrollo, o cuando se ejecutan esas decisiones, la “voz de la naturaleza” no sea reconocida, ni mucho menos escuchada y tenida en cuenta. La naturaleza entonces, tarde o temprano pasa la cuenta: a quienes han tomado la decisión equivocada, o a sus hijos o nietos. Los sucesos desastrosos de que todos los días somos testigos, parecen indicar que la naturaleza está mejorando sus procesos de cobro y que cada vez es más rápida y directa la relación entre daño ambiental y posterior desastre. A partir de estas reflexiones se pueden deducir los retos y las posibilidades para participar en la gestión del riesgo, que tenemos quienes nos dedicamos a la comunicación en sus distintos momentos y formas.

Fuente
Documento enviado a La Iniciativa de Comunicación por Gustavo Wilches-Chaux el 10 de mayo de 2007.

Gustavo Wilches-Chaux estudió Derecho y Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad del Cauca, Colombia, en donde se graduó en 1977 con una tesis laureada sobre Derecho Ambiental. Como resultado de su experiencia como Director Regional del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA en el Cauca, en donde estuvo encargado del diseño y dirección del programa de reconstrucción comunitaria llevado a cabo con posterioridad al terremoto que en 1983 destruyó a la ciudad de Popayán, escribió el libro "Herramientas para la Crisis: Desastres, Ecologismo y Formación Profesional" publicado por el SENA en 1989, y obtuvo la beca "James Rook", otorgada por el Consejo Británico. Con esa beca estudió producción de audiovisuales en Bristol y Manejo de Desastres en Oxford.

 

 

Ha trabajado con instituciones como el Servicio Nacional de Aprendizaje -SENA, la Corporación NASA KIWE, Ecofondo y la Fundación para la Comunicación FUNCOP CAUCA en Popayán. Es uno de los miembros fundadores de LA RED (Red de Estudios Sociales sobre Desastres en América Latina). Autor y coautor de varios libros publicados en Colombia y en el exterior, actualmente trabaja como consultor independiente, profesor universitario, conferencista nacional e internacional sobre temas de desarrollo sostenible, ecología y gestión del riesgo.