Ríos de vida y muerte
Abelardo Gómez es director de La Cola de Rata; portal colombiano dedicado a la investigación periodística, opinión y el mundo de la cultura en sus amplias facetas. Nacido en abril de 2011 como un proyecto de periodismo en el aula universitaria, pronto se transformó en una propuesta de carácter independiente, tanto en su financiamiento como en el tratamiento informativo que no responde a vínculo partidista específico.
Óscar Parra es director de Rutas del Conflicto; un proyecto que busca facilitar el acceso a información, organizada y confiable, sobre el conflicto armado en Colombia. También es profesor de cátedra de la Universidad del Rosario.
La mesa estuvo moderada por Germán García, Cofundador y editor del medio de periodismo ambiental “Entre Ojos” e integrante del comité directivo de Consejo de Redacción. Los otros expositores que hicieron parte del panel de Investigaciones con Sello CdR fueron: Ivonne Rodríguez, periodista de Verdad Abierta, Claudia Báez, Cofundadora de Cuestión Pública y Martha Elena Sánchez, periodista de Casanare Noticias.
Ríos de vida y muerte es una plataforma digital con una base de datos de ríos en Colombia donde se han encontrado cuerpos de desaparecidos. La base de datos corresponde a 3000 cuerpos de agua; es decir personas que se encontraron en ríos, ciénagas; de esos cuerpos aproximadamente 1200 corresponden a los hallazgos en ríos. En Colombia alrededor de 210 ríos se utilizaron para desaparecer víctimas durante el conflicto armado; esos registros vienen desde la época de los años setenta.
El trabajo consiste en recoger datos, organizar la información para contar una historia a través de mapas en una línea de tiempo que se puede encontrar en la página web de Rutas del Conflicto y a partir de esa información hacer una serie de reportajes. Accediendo a la página se puede encontrar información de cada río y hay un especial del río Magdalena que se hizo junto con periodistas regionales de Consejo de Redacción, que narra las historias de la desaparición forzada y la relación de las comunidades con el río y la memoria que construyen respecto a sus familiares desaparecidos.
El proyecto permite que personas que buscan a sus familiares en los ríos puedan contactarse con los periodistas para entregar información desde sus propios testimonios, facilitar fotografías y documentos. Una segunda fase del proyecto Ríos de Vida y Muerte, intenta involucrar a las comunidades para que sigan contando sus historias y así formar un banco de contenidos desde los datos hacia la gente y que también la gente aporten en esa construcción de información.
La práctica macabra de desaparecer cuerpos arrojándolos a los ríos de Colombia, perpetrada por grupos armados, podría tener más de 60 años. La larga historia de desaparición forzada tiene dos caras: la del horror y el dolor por las vidas destruidas de miles de familias víctimas; y la de resistencia y abnegación por aquellas personas, sobre todo mujeres, que han emprendido la búsqueda incansable de sus desaparecidos. Luchan para que aquello que permanece oculto en el fondo del río emerja con decisión y verdad a la superficie.
Colombia no es el único país donde algo tan escabroso ha ocurrido. En Chile y Sudáfrica, al menos 28 ríos sirvieron para borrar el rastro de crímenes políticos generalmente perpetrados por agentes del Estado, según relatan las comisiones que en cada nación tenían el mandato de esclarecer lo sucedido. En Colombia, sin embargo, los principales verdugos han sido grupos paramilitares, que en diferentes lugares del territorio se han ensañado violentamente contra las comunidades ribereñas, llevando esta tenebrosa práctica hasta niveles inimaginables.
Así lo demuestra la documentación del proyecto Ríos de vida y muerte, una investigación de periodistas de Rutas del Conflicto y de Consejo de Redacción. En 40 de los 44 ríos rastreados, ‘paras’ emplearon esta práctica. En 18 de ellos, los grupos armados desaparecieron a sus víctimas de manera sistemática, torturándolas (16 ríos), señalándolas como supuestas auxiliadoras de sus enemigos (19 ríos), y manipulando sus cuerpos de maneras atroces e irracionales para evitar que flotaran en el futuro (20 ríos). Según los datos del CNMH, grupos de autodefensa estarían detrás del 68% de los casos de desaparición forzada en los afluentes colombianos.
No obstante, eliminar las huellas de su crueldad no fue siempre su única intención. Con la práctica buscaron quebrantar el juicio de aquellos que durante décadas atestiguaron el paso de las almas solitarias flotando a la deriva, con la prohibición expresa de recuperarlas (4 ríos). Infringieron castigo a: líderes sociales (6 ríos), combatientes “indisciplinados” de sus filas o recién desmovilizados (4 ríos) y otras personas que señalaban como ladronas, drogadictas, trabajadoras sexuales y homosexuales, por considerarlas “indeseables”, o sujetos que simplemente se negaron a pagarles una ‘vacuna’ o a seguir colaborando con ellos (11 ríos).
Investigación Río Cauca
El periodista Abelardo Gómez realizó la investigación específica sobre el río Cauca. Se centró en Marsella un municipio de Risaralda, en donde hay un sitio llamado el Remolino de Beltrán; es un lugar del cauce en donde el agua se reposa y los cadáveres, por inercia terminan dando vueltas durante horas o días en ese punto. Marsella en algún momento figuró como uno de los municipios más violentos de Colombia porque se registraban muchos homicidios; lo que obligaba a la gente a hacer seguimiento de los cadáveres. Luz María Ortiz, forense de Medicina Legal ya pensionada, y su ayudante, Carlos Arturo Ramírez, se encargaron de las autopsias y de llevar un minucioso registro de cada uno de los hallazgos.
Adquirieron tal experticia que, de acuerdo con el grado de descomposición, calculaban el lugar desde el cual fueron arrojados a la corriente fluvial. Este ejercicio de cálculo tenía datos como los siguientes: víctimas Cali: 10 a 15 días de recorrido, Trujillo y aledaños: 5 a 8 días y Cartago: 2 a 3 días. Una medición macabra, pero necesaria para asesorar mejor a la romería de familiares que llegaban a Marsella buscando a sus desaparecidos.
De acuerdo con los registros existentes, entre 1982 y 2016 fueron rescatados 549 cuerpos o partes de ellos del río Cauca, con el mayor pico entre 1988 y 1992. 38 de esos cadáveres eran de mujeres; el resto de hombres, incluidos niños.
Los registros de algunos años no existen o se perdieron en algún momento, como los correspondientes a 1993 y 1994, sobre los cuales solo cabe especular. Por ello la cifra de rescatados podría sobrepasar los 600, mucho más si tiene en cuenta que durante el inicio de esa década se recogían en Beltrán unos 100 cuerpos al año, pero quizá esto cabe ya dentro del reino de las especulaciones.
El proyecto fue un ejercicio muy interesante que se centró en herramientas del periodismo de datos pero anclado al periodismo narrativo; participaron alrededor de 20 periodistas investigando y escribiendo toda la información que se encuentra en la página; no solo es data apura, es más bien como una estructura de datos para que las personas puedan acceder a una serie de piezas narrativas como la crónica.
Tomado de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación - COLPIN y de la página web de Rutas del Conflicto.
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